‘Connections’
Especial de Vacaciones
II. Declaro la guerra a mi peor enemigo que es…
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El avión arribó en Barcelona poco antes de las siete de la mañana.
Todavía estaba oscuro cuando abordaron los taxis que los llevarían al hotel que sorpresivamente los maknaes habían reservado con anterioridad, pues según lo improvisado e impulsivo de sus acciones, lo que la mayoría creía era que tenían que hacerlo estando allí, con las maletas en mano.
Pero eso no ocurrió, y las expresiones de sorpresa no se hicieron esperar en cuanto bajaron de los vehículos.
La Casa Fuster era definitivamente un lugar que no imaginaron. Era por decir algo… imponente. Parecía una construcción salida de la imaginación de Gaudí, o por lo menos influencia sí tenía. Un enorme edificio que se debatía entre un color malva y mármol, con grandes ventanales y largas puntas en sus torres angulares. Pinceladas de clasicismo, pinceladas de modernismo y rasgos contemporáneos bailaban en los detalles.

La impresión del interior no era cosa menor.
Si habría que describirlo en una palabra, esa era elegancia. Aquello más que un hotel parecía más un palacio. Sello característico del gusto de Lee.
—Vaya, esta vez me sorprendiste maknae. –alagó Jiyong, paseando sus ojos por el interior del recibidor largo que iba a dar a la glamorosa recepción.
—Buen trabajo, Seungri. –felicitó Seung Hyun, dándole una palmada en el hombro para pasar de largo con Viri de la mano.
Tras él fueron Young Bae y Diana, que compartieron la fascinación por el lugar, arrastrando sus dos valijas de equipaje.
—Sí, es lindo, pero muero de sueño. –compartió Ana con su Dae, que asintió en acuerdo. Afuera apenas había aclarado la mañana.
Seungri y Toto como organizadores de la primera parada en el ‘tour’ por España, se ocuparon de las habitaciones. Por un descuido, Jiyong alcanzó a escuchar cuando el menor consultó la posibilidad de cambiarlas por la suite compartida, escandalizándose al instante.
—¡Hey, hey, hey! No voy a compartir espacio vital con todos ustedes –dijo señalando a las otras ocho personas-. ¡Suficiente es que aceptáramos compartir vacaciones!
—¡Estoy de acuerdo con la nena de Kwon! –apoyó Ana-. No pienso dormir a menos de doscientos metros de cada uno.
Jiyong la fulminó con la mirada por el adjetivo usado. Ella lo ignoró olímpicamente.
—Yo tampoco quiero. Una habitación por cada dos está bien, y de preferencia que estén dispersas. No quiero pensar en tener de vecina contigua a Jannet y el panda, ustedes saben, no nos dejaran dormir y eso. –señaló Viri, conteniéndose la risa ante el rostro colorado de Toto.
—Arasseó, Arasseó. –cedió Seungri, volviéndose a confirmar la reservación original de las habitaciones.
Las llaves fueron entregadas y las maletas listas para llevar por el servicio.
—¿Y entonces, quedamos para más tarde? –preguntó Diana, anticipando los planes del primer día.
—¡Sí! Desayunemos juntos. –propuso Toto.
Todos coincidieron en que era razonable y buena idea.
—¿Les parece a las once? Es buen tiempo para descansar un buen rato. –sugirió Young Bae.
—Me niego a abrir los ojos antes del medio día. –negó Ana, decidida a cumplir al menos la mitad de sus horas de sueño.
Al ver que su adorable novio estaba por refutar a su amiga con seguramente un comentario sarcástico, Sol se adelantó a hablar y dedicarle una mirada de advertencia a Ji.
—Que sea a medio día aquí en el lobby. ¿Les parece?
La mayoría asintió en consenso y cada pareja procedió entonces a dirigirse a su habitación, que como antes lo solicitaran, estaban dispersas por todo el lujoso hotel.
La pareja ‘sweet’ no tardó en llegar a su suite, se encontraba en el tercer piso. En cuanto entraron, un regocijo se apoderó de ellos, en primera instancia por la hermosura y elegancia de la habitación, y por otra parte por la expectativa del descanso inmediato que rogaban desde su llegada al aeropuerto.

Tae dejó las valijas junto al clóset vacío que adornaba una esquina de la pieza, ya desempacarían más tarde, sus cuerpos sólo pedían tregua a gritos. Sin embargo para cuando se volvió, se encontró con la novedad de que Diana había caído rendida en la cama.
—Di… -llamó el chico a su novia, más esta no respondió.
Se sonrió ante la visión dulce y pacífica que mostraba su rostro, hundido en el descanso del ensueño. Acomodándola entre las sábanas, él también tomó lugar a su lado, abandonándose a la inconsciencia.
Pero el tiempo se escurrió como en segundos, y el reposo fue interrumpido con el molesto y estridente sonar del despertador. Al segundo repiquetear, Ana aventó la almohada para tirarlo o algo para silenciarlo. Cosa que por supuesto, no sucedió.
—Odio a Seungri… -murmuró contra la almohada en cuanto recordó el motivo ingrato por el que debía levantarse a esa hora.
Se revolvió entre las mantas y se acomodó nuevamente. No iba a salir de allí hasta dormir otro rato, no le importaba que vinieran a tirar su puerta o lo que fuera. ¡El sueño era sagrado! Extendió su brazo para encontrar a su novio, pero sólo encontró el espacio vacío. Negándose a pensar nada más, volvió a dormir.
—Chagi… despierta. –oyó que la llamaban.
Un sonido gutural fue todo lo que escapó de su garganta.
Dae al notar que su adorada prometida no reaccionaba, agitó su cabeza brevemente, dejando caer entre sus manos las perlas de agua que aún le goteaba de la ducha tomada minutos antes. Nada más que una toalla blanca rodeaba su cintura. Juguetonamente comenzó a salpicar a Ana con el agua fría.
—¡Ah! –gritó la muchacha, incorporándose de pronto y sintiendo la ira subirle desde el estómago, lista para soltar improperios como una loca.
—Vamos, chagi. Despierta~ -canturreó Daesung, riendo por la reacción de su novia. Le pareció extremadamente bonita con sus mejillas rojas por el enojo y el cabello despeinado.
—¡¿Qué te pasa?! ¿Estás loco?
—Era la única manera de despertarte. Te hablé y no me hiciste ningún caso.
—¡Pues hubieras hablado más fuerte! Seguro me llamaste con tus murmullos de ratón. “Bla, bla, bla”. –bisbisó la chica, imitando el tono que él solía usar a veces, y que ella no llegaba a escuchar ni por todos los cielos.
—No importa, Annie. Vamos, se nos hace tarde. Ve a la ducha.
—¡No! ¡Ya no quiero nada!
En su berrinche, Ana se tapó con las sabanas hasta la cabeza, hundiéndose en la mullida almohada, declarando que nada en el mundo la haría salir de la cama en un gran rato.
Kang sonrió por la actitud infantil de su amada chica. No era raro. De hecho eso era cosa muy normal. Ella odiaba despertar por las mañanas, particularmente si no había dormido sus horas mínimas, eso la ponía de mal humor. Pero claro, eso no lo detuvo.
Con decisión, e ignorando los gritos y pataleos de su novia, Daesung tomó a Ana de la cama y la cargó con todo y sábanas al cuarto de baño. Si no quería hacerlo por ella misma, él no tenía inconveniente en ayudarla.
¡Hey! Nadie dijo que todo tenía que ser por las buenas.
—¿Dónde están? Ya es la hora. –se preguntó Sol al mirar su reloj de mano y buscar en la entrada de los elevadores o las escaleras alguna pista de sus amigos viajeros.
Jiyong bostezó desde los sillones colocados en el lobby para la espera. Con sus ojos cafés aún adormilados, veía pasearse la figura de su prometida de un lado a otro, cruzada de brazos.

—Te lo dije, my dear. Cuando les dijiste que nos veríamos a las doce, ellos entendieron que a la una. Nos hubiéramos quedado a dormir un poco más.
Sol se volvió a verlo y torció los labios, regalándole una de esas miradas asesinas que solía usar de vez en vez y que él bien sabía traducir como: “Si no tienes algo mejor que decir, cállate”. Sin embargo el idol tenía ya práctica en retrucar sus acciones y extendió su brazo hacia ella, invitándola a que se sentara con él y dejara sus vueltas ansiosas por toda la sala.
Sol se rindió y fue a sentarse a su lado.
Jiyong pasó un brazo por los hombros de su chica y la trajo hacia sí. Ella dejó descansar su cabeza en el hombro de su novio y él a su vez recargó la suya sobre su coronilla, cerrando los ojos para seguir con la lubricación de sus ojos cansados.
—Tengo hambre… -se quejó el líder en un murmuro somnoliento, y sin abrir los párpados.
—Yo también. ¿A qué hora van a bajar? –gimoteó Sol.
—No sé honey, pero de una vez te aviso que lo que es hyung y Seungri se tardan como si fueran Bommie noona. –acotó divertido el muchacho, sintiendo cómo su prometida se tensaba por la información.
—Mi amor…
—¿Sí? –atendió Kwon.
—Cállate.
Jiyong rió por lo bajo, causando la ligera vibración de su garganta. Sol abrió los ojos momentáneamente y la silueta familiar cruzó sus pupilas miel.
—¡Ya era hora!
Con el gesto más feliz y radiante, Jannet se acercaba balanceándose de un lado a otro, como su anduviera en medio del verde campo. Seungri, ataviado con un outfit fresco y relajado, con gafas y unas sandalias negras de piel, tomaba su mano.
—Ni se nota que es turista. –musitó Jiyong al divisar al maknae, logrando arrancar una risa a Sol. Ninguno de los dos se había movido de su posición en el sillón, teniendo la vista de los maknaes arribando hasta ellos.
—¡Unnie! –saludó Toto con su sonrisa luminosa.
—Te voy a matar. –saludó Sol de vuelta, notando cómo la menor se escondía atrás de Seungri.
—Vamos, noona, no te alteres –calmó Lee a la chica de Kwon-. Se te va a subir el azúcar.
Jannet y Ji rieron sin poder evitarlo, lo que les valió una de esas temibles miradas que a Sol se le daban tan bien. Su novio recibió ‘of course’, un codazo extra de su novia.
—¿Y dónde están todos? No veo a nadie más que nosotros. –hizo notar Jannet, mirando a los lados.
—Adivina.
—¡Y ya nos estás regañando, noona! Nosotros tan cumplidos que somos. –alegó Seungri con retardo.
—Claro… -ironizó Jiyong, abrazándose a Sol nuevamente con la idea de dormir allí mismo hasta que los otros seis se dignaran a aparecer. Sin embargo, muy poco le duró el gusto, pues a los dos minutos, salían del elevador Diana y Ana junto a Young Bae y Dae.
—¡Buenos días! –festejó Toto, dándoles la bienvenida.
—Buenos días, Toto. –saludó Diana con su dulce afabilidad, abrazando a la maknae.
—Tú sí me das amor, cuñis. Estos ingratos deberían aprender de ti.
—Dormir menos de la mitad de mis horas médicas de sueño me incapacitan para darte amor, Toto. Déjame en paz. –precisó Ana a la maknae.
Young Bae y Daesung se entretuvieron saludando a Seungri y Jiyong, que ya andaba de pie en el lobby, como si de un momento a otro el agotamiento despareciera.
—¿Y dónde está Choi? –se quejó Sol.
—Te lo dije. –aportó Jiyong desde la lejanía, interrumpiendo su charla “de hombres” para recordárselo.
—Yo que tú le pedía el divorcio –aconsejó Ana simulando decirlo en secreto, pero lo suficientemente alto para llegar a oídos del líder-. O mejor aún, me conseguía otro idol. ¿No quieres? Le diré a Se7en oppa que nos presente uno.
La mirada asesina de Kwon se hizo sentir al recaer en Ana, queriendo atravesarla como un filoso puñal. La chica se hizo la loca y lo ignoró, disfrutando por dentro la rabieta del líder.
—Como sea. ¿Dónde está Choi? Si no llega en cinco minutos regresaré a dormir. –advirtió Anne, que abrazaba cariñosamente a Diana.
—No sé… quizá…
Las conjeturas de Jannet no se hicieron escuchar al divisar a Viri y Seung Hyun salir del elevador con toda la calma del mundo, como si estuviesen llegando con media hora de anticipación.
—Creo que lo de tortuga no era sólo por la mochila esa que tenía. –apuntó Diana, aludiendo al apodo de TOP durante su pre-debut. Ana estalló en carcajadas.
—¡Muévanse Choi’s muero de hambre! –demandó Jannet cruzándose de brazos. Se ponía de malas cuando no comía a sus horas. Ella, y las otras tres señoritas en espera.
—¡Dalai~! –apaciguó Viri-. Yo qué culpa tengo de que ustedes no despertaran de buen humor y…
—¡Cállate! ¡No quiero saber tus intimidades! –zanjó Ana tapándose los oídos. Viri solo rió por sus ocurrencias y la chica pudo leer que sus labios algo como: “Estás loca”.
—¿Y…? ¿Dónde iremos? –preguntó Choi Seung Hyun como si nada.
—Cierto. ¿Dónde iremos? –inquirió Sol mirando a los Lee.
—Oh, no sé. A almorzar supongo…
—¡Obvio, Seungri! –evidenció Ana.
—No tienen idea. –sentenció Young Bae como una afirmación.
—Caminemos por allí y entremos en algún restaurante, no deben faltar por aquí. Es zona turística, ¿No? –propuso Daesung, caminando por delante y jalando a su paso a Ana.
Los ocho rezagados se apresuraron a alcanzarlos.
—¿Y dónde iremos después?
La pregunta provino de Viri, que se entretenía con la arquitectura de la calle en que transitaban. Seung Hyun la molestaba cubriéndole los ojos.
—Tenemos un trío de lugares programados para nuestra visita –informó Seungri con solemnidad, cual si fuera un guía de turistas-. Les diremos el itinerario en un rato.
—No sé si sentirme mejor por eso. –opinó Sol con escepticismo.
—Querías conocer España… -le recordó Jiyong en un tarareo burlón.
—Tal vez le tome la palabra a Ana. –punzó la pelinegra, aludiendo a la propuesta de cambiar de idol. Kwon frunció el ceño.
—Enséñame algo en español. –pidió Dae a Ana, que veía a los transeúntes ir y venir. Se le hacía un lugar fascinante el que pisaba.
—¿Tanto tiempo y no aprendes ni un “Hola”?
—Eso sí lo sé, pero enséñame otra cosa, como buenos días o buenas tardes.
Ana bufó recordando cuantas veces no le había repetido aquello en su vida juntos.
—A ver, repite conmigo: Bue-na-seu Ta-reu-de-seu.
—Bue-na-seu Ta-reu-de-seu.
—Otra vez. –ordenó Ana.
— Bue-na-seu Ta-reu-de-seu.
—Otra vez.
—Bue-nas Tar-deseu.
—Otra vez. –insistió su novia.
—Buenas Tardeseu.
—Una vez más.
—Buenas Tardes.
—Exacto. Ahí lo tienes. –felicitó Ana a su modo, regalándole una de sus sonrisas. Dae entonces comenzó a repetir la frase como un mantra, dedicándosela a las personas que se encontraban a su paso, mismas que encontraban adorable y curioso el gesto del coreano. Ante el saludo, le respondían de la misma forma.
—¡Dae, ya es suficiente! –expresó Ana.
Pero el chico ‘smile’ no hizo caso.
—Yo, yo también quiero –rogó Seungri a Toto viendo a su hyung aprender-. Enséñame algo en español.
—Hola. Repite conmigo. Ho-la.
El maknae entrecerró los ojos inconforme ante la simpleza de la palabra.
—Comamos aquí. –dijo Young Bae de pronto, llamando la atención de sus compañeros. Era un restaurante de apariencia rustica pero confortable. Todos estuvieron de acuerdo y entraron.
La atmósfera era extraña pero agradable, era una sensación como de pausa en medio de una jornada intensa bajo el sol. El fresco agradable que los recibió dentro de la construcción fue gratificante, como si las paredes estuvieran humedecidas, proveyendo ese halo de frescura. Por otra parte, el diseño sencillo con rastros mozárabes que constituían el pequeño negocio, remataba con un aura de quietud y tregua. Los diez se mostraron maravillados.
—Excelente elección, hyung. –halagó Daesung al tomar asiento en una de las mesas que se les asignó al fondo izquierdo del restaurante, el espacio estaba semi-cercado de una hilera de macetas con plantas y flores de varios tipos. Las jóvenes mujeres reconocieron esa atmósfera inconfundible de la herencia colonial en su país.
Pronto, trajeron la carta. No hubo problema ya que las chicas tenían ventaja en ese lugar, era como volver al juego de las guías de turistas. “Español everywhere”, había festejado Toto, aliviada de tener un respiro del inglés y coreano siempre en sus oídos.
Probaron la paella, con excepción de Viri que no gustaba mucho de los mariscos, por lo que ella probó algo más de la carta catalana. Saliendo al exterior nuevamente –después de abrumar a la cocinera con elogios por tan deliciosos platillos-, el sol en lo alto los recibió con sus rayos.

—¿A dónde vamos? –preguntó Diana estirándose un poco.
—Eh… ¿El estadio olímpico? –probó el maknae.
—Dime que bromeas, Seungri. –rogó Ana, no creyendo que no hubiera realmente un itinerario.
—No… bueno…
—¿Nos trajiste hasta aquí sin saber qué íbamos a hacer? –presionó Jiyong también inconforme.
—Oye, no es que no haya que hacer aquí, Kwon. Solo hay que improvisar… un poco. –justificó Jannet.
—Es cierto, Ji. Sólo improvisemos. Supongo que han oído hablar de este lugar y debe haber algún lugar que quieran visitar. –habló Sol, calmando a su líder.
—Aquí hay un folleto que tomé del hotel. –aportó Seung Hyun, sacando de su chaqueta un tríptico doblado.
El grupo de jóvenes, revisó los puntos de atracción turística. Pronto, ya estaban colectivamente armando el itinerario.
—Quiero visitar “La Sagrada Familia”, mamá me ha dicho que es preciosa. –dijo Ana, con Dae apoyado en su hombro.
—Yo quiero ir a ese. –señaló el chico ‘smile’, colocando su dedo índice en la fotografía de una hermosa arquitectura llena de vitrales.

—Siempre quise conocer la obra de Gaudí en vivo. –acotó Diana cuando dio su opinión.
—Yo también. –apoyó Sol la moción.
—¿Podemos ir al estadio? Por favor… -solicitó el maknae al pestañear coquetamente los ojos, cosa que hizo reír a más de uno.
—Está bien, vamos a tu estadio. –concedió Jiyong.
—Como si tú no quisieras conocerlo. –punzó Ana a su condescendería.
—Nadie te preguntó.
—Hey, hey, hey –calmó Viri-. ¿Y si comenzamos ya?
Apoyando la idea de la rubia, los diez echaron a andar rumbo al lugar en que la afamada e imponente catedral inconclusa se encontraba.
Lo cierto es que aún si no tuviesen un itinerario predispuesto, andar por las calles de la ciudad era en sí mismo un paseo turístico. Ante sus ojos se izaban mágicamente antiguas catedrales, parques de incalculable edad y vertiginosa actividad recreativa. Esa Barcelona con sus largas avenidas y angostas callejuelas repletas de anónimas historias inventadas o verdaderas, eso no importaba, pues el aroma del pasado añejo se mezclaba con las texturas y fragancias de la modernidad de su presente.

—¡Es hermosa! –exclamó Ana a la lejanía, cuando parte de la arquitectura superior de la catedral, se mostró a sus ojos.
—Preciosa. –estuvo Diana de acuerdo, apresurando el paso.
Y en efecto, la obra arquitectónica sólo apreciada hasta entonces en fotografías, se reveló con toda su belleza imperfecta –pues se encontraba en estado inconcluso-, exhibiéndose en medio de la ciudad como el gran objeto de apreciación turística y cultural.

La admiraron en todo su esplendor, rodeándola completa, contemplándola a detalle, compartiendo impresiones, celebrando esa memoria compartida. Y claro, las fotografías no se hicieron esperar. En grupo, por pareja, en solitario. El ‘click’ de la cámara sonó de repente como una caja de música.
Y sin saber cómo, fueron conscientes cómo en un abrir y cerrar de ojos, el cielo azul bordeado de nubes blancas se coloreó de un manto naranja; y la corriente cálida del aire iba bajando la temperatura, convirtiéndose en una brisa que anunciaba la pronta noche y sus aromas de mar provenientes del puerto.
—Creo que es hora de regresar. –opinó Seung Hyun tras la fatiga del primer día. Su moción fue secundada por sus compañeros.
De ese modo, cansados pero llenos de una sensación de felicidad y absorto por el encuentro con lo nuevo y recién conocido, los chicos volvieron al hotel, devolviéndose entre las calles y avenidas que se iluminaron con luces, farolas y lámparas que parecían a lo lejos antorchas encendidas. Para ellos era una pintura desconocida y novedosa; para ellas era regresar a los paisajes de su lejana tierra.
Y como ese, cinco días más se sucedieron. Visitaron todos esos lugares que su curiosidad demandó, tomando fotografías conmemorativas y creando bellas memorias en sus corazones. Su último día en Barcelona, Seungri se encargó de proponer un lugar en las lejanías de la demarcación, en una reserva ecológica. Nadie supo a exactitud lo que el maknae planeó hasta que estuvieron allí mismo, a la puerta del ‘Catalonia Paintball‘, después de que muy temprano –no sin mucha renuencia a la desmadrugada-, abordaron una camioneta reservada por el menor.
—¿Acamparemos o algo así? Te golpearé si es lo que pienso. –advirtió Ana a Jannet, que sonreía emocionada como una chiquilla.
—Tranquila, Ana Sshi –expuso Seungri-. Haremos ‘Gotcha’.
—¿Gotcha? –repitió Diana, creyendo no escuchar bien.
—¡Genial! ¡Gotcha! –celebró Young Bae, chocando sus manos con las del maknae.
—Buena idea, Seungri. –halagó Jiyong, sonriéndose con Seung Hyun, compartiendo la idea satisfactoria de una guerra de pintura.
—Ok… -fue todo lo que salió de los labios de Sol. Una sola vez en su vida había jugado al ‘Gotcha’ y dudaba de sus habilidades para un nuevo encuentro.
—¡Yey! –saltó Viri junto a Toto, emocionadas ante la idea de la partida que implicaba bañarse de tinturas de colores y correr como locas entre la tierra.
Entraron al campo, deteniéndose en la recepción en la que pagaron sus rondas. A cambio, el personal les proveyó del equipo que consistía en cascos, marcadores de aire comprimido –las super armas según Choi-, municiones, trajes de corte militar, y coderas y rodilleras para eso de las marometas y tropezones.
Se cambiaron en un complejo de bancas improvisadas con troncos de árbol viejo que se encontraba en la salida posterior a la recepción, allí un muchacho les adiestraba el cómo colocarse las partes del traje. No obstante, los varones no pudieron más que sentirse invadidos en su papel de ‘sabelotodo-yoseloquehayquehacergracias’.
Las chicas, se dejaron ayudar por sus parejas en la ataviada con los trajes y el ensamble de las municiones de pintura cargadas a las ‘armas’. Finalmente, fueron guiados al campo destinado a llevarse a cabo la batalla.

Por debajo del visor de los cascos, el grupo de jóvenes no dejó de maravillarse con la belleza ecológica del lugar. Era un pedazo de bosque con arboles bajos y repletos de follaje verduzco; los obstáculos de madera –unas barreras altas-, se hallaban bordeados de arbustos por aquí y por allá. Troncos en medio del campo, desniveles naturales que servían de elementos estratégicos, el pasto crecido como alfombra en el escenario que se adornaba en sus extremos, por una par de casonas derruidas y que parecían ser la base del enemigo.
—El juego será “Captura la bandera” –explicó Jiyong con la voz grave y amorfa por dentro se su casco-. Cada uno de los equipos intentará conseguir la bandera del equipo contrario y regresar a su base para ser el vencedor. Cuando ese momento llegue sólo…
La solemne explicación del líder fue brutalmente interrumpida por la mancha roja que golpeó su casco súbitamente.
Todos estallaron en carcajadas.
—¡Ups! Sorry, estaba probando. –excusó Ana poniendo la cara más inocente que pudo.
Jiyong la fulminó con sus ojos cafés. Ya había sido suficiente explicación.
“Esto es la guerra”
Los equipos se formaron por suertes con una moneda. El primer equipo formado por: Ana, Sol, Jannet, Young Bae y Viri. El segundo por Diana, Seung Hyun, Dae, Seungri y Jiyong. Acomodándose cada equipo en su base y lanzando uno que otro comentario retador, dio inicio la batalla.
El pitido de una sirena ficticia, hecha sonar por el muchacho que fungía de árbitro en una torre como si fuese un salvavidas, dio la señal.
Se esparcieron por entre los árboles, arbustos y los escudos de madera. Con sigilo, avanzaban arrastrándose entre el pasto crecido. Las balas comenzaron a escucharse cuando se trasladaron de árbol en árbol, encorvándose para no ser alcanzados por la pintura del enemigo.
Como era de esperarse –y como si aquello no se les diera-, los chicos dramatizaban dando volteretas por el suelo, corriendo cual si granadas les fueran lanzadas a su paso, arrastrándose entre los desniveles como si estuvieren en medio de las trincheras de la primera guerra mundial.
—¡Ah, estoy herida! ¡Me muero! ¡Me desangro! –gritoneó Jannet, lloriqueando cuando una bala de pintura le alcanzó la pierna. Acto seguido se tiró dramáticamente en el césped.
—¡Toto! –exclamó Seungri, saliendo de su escondite en uno de los arboles altos y fornidos en que se escondía y corrió hasta su agonizante novia.
Jannet, al verlo a unos cuantos metros, se puso de pie y corrió a algún lugar para cubrirse. Una lluvia de balas de pintura se cernió sobre el maknae, proveniente del equipo enemigo. Había sido toda una treta.
—¡Eso es trampa! –se quejó Jiyong desde algún lugar, quizá desde un arbusto.
—¡Eso se llama estrategia militar, nena Kwon! –aclaró Ana con mofa, disfrutando de aquello.
—¡Corre, Viri! –escucharon de pronto a Young Bae, que se trasladaba de un tronco hueco a un escudo de madera, que cubrió las balas que intentaron marcarle.
—¡Maldición! –blasfemó el líder, dándose cuenta de la figura que se escabullía con velocidad entre los árboles y lograba a allanar en su base.
—¡Hyung, detenla!
El aviso de Jiyong alertó a Seung Hyun, que por casi nada alcanzó a frenar a su novia, atrapándola de la cintura y dar la vuelta con ella en brazos. La cargó afuera de la ficticia base como a un rehén, mientras la rubia pataleaba y buscaba soltarse, riendo a carcajadas al ver su plan frustrado.
—¡Ya bájame, Choi! Ya sabes que yo te amo, déjame ir. ¿Sí? Te prometo que ya no veré videos de otros hombres y así.
Como respuesta, Seung Hyun la bajó en el pasto y comenzó a bañarla con balas de pintura ante los gritos de ella.
—You’re dead… -musitó TOP victorioso, contemplando cómo Viri se rendía, riéndose en el suelo.
—¡Hyung! ¡La tengo!
La expresión de Sol y Young Bae se descompuso al oir la voz que festejaba desde su propia base. Con horror, vieron a Daesung agitar el banderín color rojo que se supone debían proteger. Era cuestión de que regresara a la base enemiga y ellos ganarían.
—¡Buen trabajo, Daesungie! ¡Vuelve aquí, te cubriremos! –gritó Kwon, posicionándose junto a Diana en un escudo cercano que les permitiera tener un ángulo amplio para proteger a su ‘soldado’.
Dae apretó el banderín y salió de la guarida contraria, corriendo por los árboles para luego arriesgarse y acelerar en línea recta para llegar rápidamente. Lo conseguiría, estaba seguro.
—No tan rápido.
No supo ni de dónde provino la voz, lo único que sintió fue el bulto a su espalda. Ana había salido de la nada y se le había colgado del cuello, frustrando la huída.
—¡Chagi, eres una traidora! –clamó Kang, intentando correr con ella colgando de caballito.
—En la guerra todo se vale. –afinó Ana, dándole una mordida en el hombro.
Young Bae se aproximó hasta ellos y comenzó a disparar a quemarropa al Doradae, declarándolo potencialmente herido. Jiyong también corrió y el chico ‘smile’ le aventó el banderín, que cayó en la tierra fangosa.
—¡La tengo! –celebró el líder rozando apenas la tela rojiza y llena de barro.
Su intento fue frustrado por el tacleo inesperado de su novia.
—No, my dear, no la tienes –precisó Sol, tomando la banderilla y aventándola lejos, consciente de que si se la quedaba, él se la quitaría-. ¡Jannet, atrápala!
La maknae, que había abandonado el escondite en que se hallaba después del truco que fabricaron entre sus compañeros, corrió y tomó la bandera aferrándola entre sus manos.
—¡Hyung! ¡Quítasela! –demandó Jiyong antes de sentir las balas de pintura sobre su pecho.
Una, dos, tres.
Cuatro…
Sol alzó sus ojos al sentir el golpeteo que surcó su espalda. Le habían disparado. Dramáticamente se volvió para ver a su asesino. Sus ojos incrédulos pestañearon no creyendo que su dulce cuñada Diana era su homicida de guerra.
—¡Jannet corre! –demandó Tae, acercándose peligrosamente a la base, mientras Dae y Ana se debatían por empuñar adecuadamente sus armas.
—No pasarás tan fácil. –bisbisó para sí Seung Hyun metido en su papel de protector de la patria, apuntando y comenzando a disparar secuencialmente la pistola de juguete. Young Bae apenas y logró evitar las ráfagas de pintura que rozaron su traje.
Parecía que entre más se acercaba, Choi podría con facilidad acabarlo a quemarropa. Y aquello hubiese sido posible, si no hubiese sentido que él mismo estaba siendo fusilado por las espaldas. Al volverse, se encontró con su rubia prometida que disparaba y disparaba su arma, tinturando su casco y traje.
—¡Pero si tú ya estás muerta! –exclamó Seung Hyun totalmente incrédulo.
—Soy un zombie. –declaró la rubia, disparándole a su novio.
—Qué zombie ni qué nada. –esquivó Choi y comenzó a dispararle también.
—¡Oigan, entonces yo también soy un zombie! –escandalizó Seungri, levantándose de la mitad del campo de guerra simulando su muerte. Ante la insurrección mortuoria de Viri, él se sumó a la algarabía.
Aquello se volvió entonces un caos. Todos se disparaban entre ellos, sin importar si sus disparos eran certeros, nadie moría. Se asesinaban buscando y correteando a los poseedores de la bandera contraria que iba de mano en mano por todo el campo de batalla.

Se cayeron, rodaron, se taclearon, se colgaron unos de otros, se mordieron, se jalonearon. Seungri hasta amarró a Jannet en un árbol con la cinta que sostenía su cabello. Diana le puso el pie a Tae para que tropezara, Daesung le dio vueltas a Ana para marearla y dejarla en el suelo, Viri le aventó un puñado de tierra a Seung Hyun para nublar la visión de su casco, y Jiyong no se quedó atrás haciendo rodar por el desnivel de terreno a su adorada novia.
El saldo al final –a juicio del referí que moría de risa desde las alturas en aquel lugar predilecto de espectador-, fue que ambos equipos habían muerto en la guerra, pues sus municiones se habían agotado y nadie había conseguido la bandera. Lo cierto fue que esa había sido la divertida más grande y loca de sus vidas, o por lo menos, de lo que llevaban en ese viaje.
Se deshicieron de los trajes y sus pieles descubrieron manchas de colores. Pintura everywhere. Sus caras, brazos y manos destellaban matices amarillos, azules, rojos y verdes. Las carcajadas y burlas colectivas permearon su ánimo.
De salida, Sol reparó en una última atracción.
—¡Quiero subirme a una de esas! –demandó al ver las cuatrimotos en el fondo del terreno.
—¿Segura? –provocó Jiyong ante la demanda.
—Te haré polvo, Kwon. –aseguró la pelinegra, logrando arrancar a su novio una sonrisa retadora.
—Los haremos polvo. –corrigió Ana mirando a Dae con frialdad.
Lo cierto es que aquella sesión terminó igual o peor que la del ‘Gotcha’. Viri bajándose del vehículo para montarse en el de Seung Hyun y entorpecer su manejo, agregándole burlas a su poca habilidad sobre el volante. Jannet y Seungri dándose “empujones” con las motos, el bloqueo de Dae a Ana en las curvas… En fin, que tampoco en la guerra de cuatrimotos alguien resultó vencedor, al contrario, casi les corrieron antes de que alguien llegase a la línea de meta.

Ya anochecía cuando regresaron a la ‘Casa Fuster’, agotados, cansados, rendidos. Y a pesar del desgaste que sentía permear en sus cuerpos –que al enfriarse resentían ya el esfuerzo de la actividad física-, estaban felices y satisfechos de aquel día. Se habían divertido como nunca y eso no valía ni todo el oro del mundo.
—¿Mañana a qué hora? –preguntó Ana bostezando, colgada en la espalda de Dae.
—El vuelo sale a la una de la tarde. Como es vuelo nacional, podremos estar allí al menos una hora antes. Nos vemos aquí en el lobby como a las once. –calculó Seungri.
—Ok, a las once. –reafirmó Sol.
—A las diez, my darling. –sugirió Jiyong.
—A las diez. –rectificó la pelinegra, haciendo caso a su novio por lo ocurrido por la mañana.
—Tranquila Solecito, estaremos puntuales. –alivió Viri abrazándose de Seung Hyun. Moría de sueño.
—Entonces así quedamos. Que descansen. –se despidieron Diana y Young Bae, dirigiéndose a los elevadores de la izquierda.
Las cuatro parejas restantes hicieron lo propio y se retiraron a sus habitaciones respectivas. Debían recuperar las energías pues la jornada no acababa. Diciéndole adiós a Barcelona, tomarían el siguiente vuelo en sus vacaciones con un último destino.
Ibiza.
.
NA: ¡Holas! ¿A que murieron de risa? xD!! Me too. ¡Quiero ir a Barcelona right now! ¡Quiero jugar gotcha y convertirme en un zombie! D: Bien, veamos qué nos espera en las soleadas playas de Ibiza <3
See you later…
Con amor, @SolBronte .
¿And?
Happy Birthday Mrs. Choi!!! Love ya!!
Music: -Rest of my life’ -Bruno Mars-
Main Actors: Choi Seung Hyun, Viri Choi
Producer by: Toto & Sol
‘Connections’
Especial Birthday
-11 de Mayo-
.
En cuanto el despertador emitió el chillido habitual, Viridiana silenció el aparato y se levantó de la cama, abandonando el plácido calor de las sábanas. Con una ojeada breve miró a su novio reacomodarse por el frío que causó su ausencia, pero permaneciendo inconsciente.
No lo culpaba, la noche anterior había llegado exhausto pasadas las once de la noche. Ella estaba despierta revisando sus últimos apuntes de especialización.
Sin embargo, tampoco es que no se sintiera algo decepcionada al respecto. Esperaba al menos un abrazo adormilado, un susurro medio ausente de felicitación o algo. Era 11 de mayo. Su cumpleaños.
Suspiró resignadamente y fue a la ducha. Era jueves, tenía estadía en el Hospital hasta las dos de la tarde, y quizá entonces, recibiera alguna felicitación de su novio o alguien más. Sus cuñadas, por ejemplo.
Tomó sus llaves, la pulcra bata blanca y su bolso amplio y claro que se colgó al hombro. Avisó que se iba. No obtuvo más que un gruñido de Seung Hyun, informándole con ello que la había escuchado.
“Este era el momento en que lo recuerdas, te levantas y me abrazas. ¡Idiota!”
Pero su pensamiento no tuvo eco en las ondas oníricas de Choi, y siguió perdido en su mundo de sueño. Con el arrugo en medio de su frente, Viri salió de la habitación y descendió las escalinatas. Al salir por la puerta principal, no pudo evitar cerrarla de un jalón sonoro en medio de su berrinche interno.
Subió al coche, un audi que Seung Hyun comprara no hace mucho, un color plata que ella había escogido. Puso su Iphone a sonar en el equipo de sonido y condujo hasta el instituto médico de cardiología.

Desafortunadamente, pese a sus expectativas, la mañana transcurrió de lo más tranquila con excepción de dos casos de infarto al miocardio y ningún mensaje o llamada en su buzón.
“Malas personas”, sentenció la joven médico, buscando en su agenda por alguno de los números telefónicos.
Marcó.
—¿Hola? –la voz mezzosoprana al otro lado de la línea le dio la bienvenida.
—¡Hey, Lee! ¿Qué haces?
—¡Oh, Viri! Pues… comiendo. Sí, eso. Ri y yo desayunamos. –respondió la maknae.
—Qué envidia, yo muero de hambre. ¡Comamos al rato!-sugirió la rubia-. ¿Qué te parece? Podemos avisar a Ana, a Diana y a Sol.
—Eh… pues…
—¿Qué? –indagó Viri enervada.
—Pues como hoy es día libre de Seungri, quedamos en visitar la casa de sus papás. No creo que pueda, además…
Jannet se calló, temerosa de lo que vendría después.
—Suéltalo, Toto.
—Pues que como es día libre también de Tae, Dae y Ji, dudo que las niñas estén disponibles hoy.
—Ah, claro…
—¡Pero Choi también está libre! ¿Por qué no le…?
—Olvídalo, Toto, luego te llamo. –cortó Viri, colgando el teléfono de golpe.
“Malas, malas personas”, bufó la chica, metiendo el teléfono al bolsillo de su bata. Ya casi eran las dos.
Se sentía decepcionada. Vale, no era necesario que pasasen el día con ella si podían hacerlo con sus respectivas parejas, pero que ni siquiera aprovecharan para decirle un: ¡Ah, cierto! Hoy es tu cumple, ¿no? ¡Felicidades!” Un mensaje, una llamada, una mendiga mención en twitter.
Nada. Ni siquiera el miserable de su novio.
“Voy a conseguirme otro Choi”, se decía cuando recogió sus cosas al concluir su turno de aquel día.
Molesta, salió del Hospital y fue al estacionamiento. Al alzar sus enfurruñados y aceitunados ojos, lo vio recargado en la puerta del audi. Su Choi.
—Saengil Chukahe…
Casi se pone a llorar allí mismo, en una mezcolanza de conmoción y enojo. Si se acordaba, pero la había hecho sufrir un gran rato.
—Eres un tonto. –dijo ella antes de abrazarlo con fuerza.
Seung Hyun la recibió sonriente, sabiendo lo que ella había pensado toda la mañana, que seguramente había olvidado qué día era y su significado. No le sorprendió su enfado y berrinche, al contrario ya se lo esperaba. No obstante, su impresión fue grande cuando sintió la tela azul de su suéter humedecerse.
—¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? –preguntó inquieto.
—Es que… nadie… Ellas… -gimoteó la rubia contra el pecho de su novio.
Seung Hyun entendió que primero debía calmarse y la atrajo más hacia sí, consolándola al pasar sus dedos por las hebras doradas de su largo cabello y susurrarle palabras dulces que iba vertiendo en su oído.

—¿Ya estas mejor? –inquirió Choi por fin después de un rato. La sintió asentir y dejó el cariñoso agarre.
Con sus grandes manos, el joven limpio los restos de humedad en sus mejillas sonrosadas, regalándole después una alegre sonrisa.
—¿Tienes hambre? Vayamos a comer. –sugirió.
Viri enseguida iluminó su rostro ante la propuesta y sonriendo feliz.
—Yo manejo. –advirtió la rubia al notar la intención de Choi de apropiarse del asiento conductor.
Y Seung Hyun estuvo listo para protestar pero contempló sus hermosos ojos aún brillantes y no quiso tentar a su suerte.
—Ok…
Como una chiquilla, Viri se subió al coche, acomodándose enseguida el cinturón de seguridad. Su novio la imitó y ocupó el espacio del copiloto.
—¿Y a donde quieres ir? –indagó Seung Hyun, bajando el vidrio de la ventanilla.
—Ummm… No sé. ¿Qué tal Yeolbong?
—No.
Viri frunció el ceño con pocos amigos.
—¿Por qué no? Además se me antoja y hace mucho tiempo que no vamos.
—Hoy no abren.
La rubia apretó los labios ante las insistentes negativas de su novio.
—¿Cómo no van a abrir? ¡Es viernes!
—¡Pues no a-bren! –remedó Choi a la chica, que sintiéndose retada por él, tomó una glorieta y dibujó un nuevo camino.
El camino hacia el Yeolbong.
—Viridiana, vamos a otro lado. ¿Qué tal un café? –propuso-. ¿Comida mexicana?
—No. Quiero Yeolbong.
Y así, ignorando las súplicas de su novio por ir a cualquier lugar que no fuera ese del que su amigo Dong Wook era propietario, Viri condujo hasta el establecimiento ubicado en Hongdae.
—Está abierto. –apuntó la rubia antes de deshacerse del broche del cinturón y bajar del auto. Seung Hyun no hizo más que rodar los ojos y bajar tras su chica.
Cruzó del otro lado de la acera a la que había aparcado y se acercó a la entrada a un costado del edificio. El local se encontraba en el segundo nivel. Viri se preguntó por qué rayos su novio no quiso ir allí si todo estaba tan…
—Tranquilo… -susurró apenas audible al divisar sobre la banqueta en que se halló de pie, a algunos metros a la izquierda, venir caminando tan campantes a Jannet y Seungri. Sin embargo, no fue el hecho de verlos lo que le quitó el habla, si no lo que traían entre manos.
Literalmente.
—¿Qué es eso? –escapó de sus labios sin pensar. Los menores que ni habían reparado en su presencia, palidecieron.
—¡Nada! –negó Toto, escondiendo el enorme arreglo de globos que al estar inflados con helio, sobresalían por la espalda de la joven pelinegra.

—¡Hyung~! –lloriqueó Seungri, agitándose en un berrinche infantil.
—¿Yo qué? Me obligó a venir. –explicó el mayor, encogiéndose de hombros y llevando las manos a los bolsillos en señal de resignación.
—¡Aissh! ¡Eres un inútil, Choi!
La voz de Ana llegó desde la puerta del establecimiento, en el segundo piso. Al notar que los maknaes demoraban salió a asomarse, sin esperar la visión de aquella inconveniente escena. Todo se había ido al traste.
—¿Qué sucede, Chagi? –curioseó Dae, cruzando el umbral al exterior.
Y también él lo vio.
—Oh, oh.
—Exacto –completó Ana en acuerdo con la gran ‘expresión’ de su prometido-. Y tú, Jannet, ya puedes dejar de esconder eso. Es visible a un kilómetro de distancia. –acotó la chica de corte asimétrico.
—Entonces… ustedes… -balbuceó Viri, sacando conclusiones.
—Sí, eso. Entren ya. –decretó Anne, ingresando al interior de nueva cuenta.
Viri salió de su trance cuando su novio Seung Hyun la tomó de la mano y la jaló para que caminaran de una vez. Los maknaes, riéndose de la situación, los siguieron detrás, jugueteando con el ramillete de globos hinchados de helio.

Subiendo las escaleras, ingresaron al Yeolbong. Allí encontraron a Diana, Taeyang, Sol y Jiyong, junto a la pareja ‘smile’.
—Eh… ¿Sorpresa? –dijo Sol al ver entrar a Viri, agitando sin muchas energías unas cintas de colores, las cuales se encontraban a medio colocar en el techo del salón.
—¡Hyung~! –se quejó GD al notar el plan de ‘fiesta sorpresa’ estropeado.
Young Bae se llevó las manos a la cara, participando de la decepción de su mejor amigo. Diana dejó en la barra el pastel de chocolate que traía en manos.

—Les dije que era un inútil. ¡No debimos dejarlo que él la entretuviera! –aseveró Ana con frustración-. ¡Pero nadie me escucha! ¡Si la gente me escuchara todo sería perfecto!
—Sí, como tu idea de hacerlo aquí. –apuntó Jiyong, rodando los ojos por las palabras de la novia de Kang.
—¡Cállate, Kwon! –arremetió Ana.
—Ya, Chagi… Tranquilízate, ya están aquí. –calmó Dae, alejándola del líder antes de que se enfrascaran en alguna de sus peleas de perros y gatos.
—Sí, no importa. ¡Felicidades, Viri! –celebró Diana, que corrió a abrazarla fuertemente.
Las risas de Viri allanaron el local, y a Diana le siguió Young Bae, que la felicitó cálidamente. Luego vinieron las felicitaciones de sus demás enfurruñados amigos, expresadas en cariñosos abrazos y buenos deseos.
—Pensé que lo habían olvidado. –dijo Viri, una vez que tomaron asiento en la mesa que habían preparado para el festejo.
—Si hasta parecía que ibas a llorar –señaló Jannet-. Y ahora que lo recuerdo… ¡Me colgaste el teléfono! –acusó la maknae súbitamente ofendida al recordar.
Viri forzó una sonrisa y buscó refugio en los brazos de su novio.
—Bueno, pues a mí no es que se me de mucho el… ¡Aauu! –se lamentó Ana ante el codazo que recibió de Daesung, que le rogaba con la mirada no arruinar la atmosfera. La chica lo miró con unos ojos filosos, enviándole la advertencia que eso se lo cobraría en algún momento.
—¿Cómo crees que se nos olvidaría? –señaló Diana-. Pero queríamos hacerte algo especial y optamos por una fiesta sorpresa. Aunque el factor sorpresa fue el que no funcionó.

—De hecho. -acotó Young Bae.
Todos rieron por el apunte, haciendo que todos dejaran caer sus miradas en Choi Seung Hyun, que rodó los ojos por ser de nuevo señalado como el principal culpable de la desgracia.
—Muchas gracias, todo quedó hermoso. –alabó Viri, mirando alrededor del lugar.
—¿Cómo va a quedar hermoso si se quedó a la mitad? –advirtió Toto, jalando dos de las cintas que colgaban del techo y que no habían sido colocadas en el lugar respectivo-. Y los pobres globos forever alone en la esquina.
La maknae señaló entonces el ramillete de globos que habían ido a traer ella y Seungri para ponerlos a flotar en el techo de todo el Yeolbong, o eso se suponía que harían con ellos.
—Jannet… -llamó Sol a su amiga para que guardara silencio.
—¿Qué? Es la verdad. –se defendió la menor.
—No te preocupes, Toto. Para mí ha sido muy lindo de su parte que se hayan ocupado de preparar esto. Además, yo fui quien se aferró a venir aquí, no Seung Hyun.
Choi entonces levantó las manos con elocuencia, haciéndoles notar lo que su novia decía, que él no había sido el culpable del embrollo.
—Bueno, olvidémoslo de eso –propuso Ana restándole importancia y esbozando una gran sonrisa aniñada-. ¿Por qué no mejor pasamos a cosas más felices? Quiero ver regalos.
—¡Regalos! Esa palabra me agrada. ¡Give me five! –aprobó la cumpleañera.
Ana y Viri chocaron sus manos en acuerdo, provocando las risas de los presentes y uno que otro comentario de Kwon a Ana de que no pretendiera que le tocase algo, a lo que la pelinegra respondió aventándole un salero que tuvo a la mano.
—¡Loca!
—¡Amargado!
—¡Yo primero! –gritoneó Toto, ignorando a los que reñían y empujando de paso a Sol, que buscaba su obsequio en el anaquel del recibidor.
—Ok, ¿Qué me tienes? –retó Viri a su amiga, observando el puchero que formó por el juguetón cuestionamiento.
Jannet dejó en la mesa una bolsa de regalo alta y llena de papeles de colores. Con sus ojos brillantes, esperó a que abriera el regalo. Viri extrajo de la bolsa un trozo de tela violácea y la extendió. Sus ojos aceitunados se abrieron de par en par, conmovida.
—Es preciosa, Toto. Creo que lloraré. –dijo la rubia, volteando a ver a su novio detrás de ella, enseñándole la prenda.
Era una camiseta oficial de los pumas, en morado y blanco. Tenía mucho que quería una así. No imaginó un regalo como ese. Sin poder evitarlo, se levantó y abrazó a la maknae.

—¡Viri, me asfixias! –exageró Jannet, manoteando al aire como si de verdad estuviese ocurriendo.
Las carcajadas no se hicieron esperar de nueva cuenta.
—Vas. –dijo Dae a su chica, dándole un empujoncito para que quedara frente a la festejada.
—Toma, mas vale que te guste. –dijo Anne, entregándole una caja con un gran moño dorado. Viri rio mientras lo abría.
—¡OMG! Esto es… ¡Wow!
—¿Fantastic, baby? –completó Toto, la expresión de la rubia que asintió levantando aquello.
—Que eso no es… -dudó Diana al reconocer el outfit.
—¿Por qué no me sorprende? –apuntó Sol, mirando por fin el regalo que presumía Viri a todas luces.
“Un traje de Iron Man”
—¡Oh, Ana, es genial! –alabó Viri con una sonrisa de oreja a oreja.
—Sí, yo sé. Ahora póntelo.
—¿Qué?
El desfiguro en el rostro pálido de la rubia fue épico, tanto que los otros ocho estallaron en carcajadas, apoyando la moción de la prometida de Kang con el único objeto de joder a la cardióloga.
—¡No! –gritoneó Viri, negándose rotundamente.
—Ok, ok, ya déjenla. Voy yo –dijo Diana acercándose a su amiga-. Espero que te agrade.
La chica extendió a Viri una caja larga y grande. La rubia la miró con expectación no adivinando lo que adentro contenía. En cuanto la abrió, suspiró conmovida.
—¡Te amo, Diana! –aseveró la joven médico, abrazándola para luego sacar de la caja una muñeca grande de porcelana.

—¡Qué miedo! –apuntó Toto, escondiéndose detrás de Seungri. Odiaba esas muñecas. Viri le sacó la lengua y se la acercó para molestarla-. ¡Aleja esa cosa de mí! –lloriqueó.
Seungri se interpuso entre Viri y Toto, protegiendo a su pequeña novia.
—Eres un aguafiestas, panda. –quejóse la rubia, dejando el jugueteo para después que Lee no estuviese cerca.
Jiyong se doblaba de risa, y no fue hasta que su novia le dio un leve golpe en el hombro que se silenció un poco, pasándole el objeto que le demandaba.
—Y este es el de nosotros. –informó Sol, dejando una caja negra de terciopelo sobre la mesa.
Viri retiró la tapa y, removiendo la tela interior, se encontró con un par de zapatillas ‘Steve Madden’ de raso azul, con el alto tacón incrustado en piedritas brillantes. Un modelo al que Viri le traía ganas desde hacia un tiempo.

—Son preciosas –juzgó la rubia al mirar una en su mano-. Gracias, Kwon.
Sol y Jiyong sonrieron por la alusión y Seung Hyun entonces sacó un recipiente que puso encima de la mesa junto a todo lo demás.
—¿Qué es eso? –cuestionó Viri, frunciendo el ceño.
—Tu regalo. –informó Seung Hyun.
—¿Qué rayos…?
Viri abrió la tapa y no vio otra cosa que sopa. Tibia y aromática sopa. ¿Estaba bromeando, no?
—Es sopa de algas –explicó Choi-. Cuando alguien cumple años, debe comer sopa de algas. La hizo mi madre.
Viri sonrió con boba. Él sólo sabía como desarmarla con esa inocencia suya que la enamoraba a todo momento.

—La comeré. –aseguró la rubia, colgándose del cuello de su novio en un abrazo cariñoso. Después, le besó.
—¡Choi’s! ¡Váyanse a un hotel, por Dios! –reprendió Ana, ante la escena amorosa de esos dos.
El resto no hizo más que reír, para luego comenzar a alistar todo para comer. La celebración apenas comenzaba y había que reunir fuerzas.
Para Viri, aquel día fue uno de los cumpleaños más felices que pudo recordar en su larga vida. Un 11 de Mayo.
.
NA’s: ¡Surpriseeee!

¿Qué tal, querida Choi? ¿Sorprendida? ¿Creíste que se nos pasaría desapercibido?? Pos no xD Te queremos mucho!! *abrazos*
Con amors, tus cuñadas <3

¿And…?
‘Connections’
Especial Dia de las Madres.
>Mommy!<
.
—Detesto los festivales. –apuntó Ana en cuanto se acomodaron en las gradas del gimnasio en que se llevaría a cabo la celebración del día de la madre con una tradicional muestra cultural por parte de los infantes.
Sí, madres. Sí, infantes.
¡Oh, vamos! ¿Creían que no habría descendencia? ¿No? Pues ¡Meeec! Error.
—Cada año dices eso, Anne –contrarrestó Daesung a su mujer, contemplando divertido cómo ella hacía un puchero-. Acepta que más bien odias levantarte temprano.
—¡Obvio! Todo el mundo odia levantarse temprano –evidenció como una verdad universal-. Además, tener gemelos no es la cosa más sencilla del mundo, en especial cuando su padre parece ser otro más de ellos.
¡¿Gemelos?! Sí, la pareja ‘smile’ había sido bendecida con un par de ejemplares marca Kang, dos niños adorables que a esas alturas contaban ya con seis años. Eran unos pequeños tranquilos cuando estaban con su mamá, obedeciendo sus palabras y no dándole problemas; no obstante, cuando estaban en compañía de papá Kang, parecía que Ana había procreado a tres mellizos.
Pero por lo demás, Joshi y Jeaki eran niños adorables. Con enormes ojos oscuros en un tono grisáceo que les daba un aire de misterio, pero con una sonrisa tan linda y natural –herencia del padre-, que era difícil no sucumbir ante ellos.
Dae rio por las quejas de la joven madre y tomándola con suavidad de los hombros, la instó a sentarse en los lugares asignados frente a la duela que fue acondicionada como un gran escenario múltiple y versátil.
—¿Pero sabes qué es lo que me consuela? –hizo notar Ana.
—¿Qué?
—Qué no soy la única que tuvo que levantarse temprano –compartió la pelinegra, señalando con los ojos profundos hacia la entrada del arcón derecho del gimnasio.
Con las dificultades que le suponían andar ataviada de sastre, más un bolso y un maletín, Viridiana se hacía paso entre las madres, abuelitas y parejas que asistían al evento, seguida de un Seung Hyun con gafas. Ana adivinó que venía totalmente adormilado y se regocijó internamente.
Dae los divisó y sonrió ante la malicia de su querida esposa. Los Choi estuvieron llegando hasta ellos en cuestión de dos minutos. Tenían asientos contiguos.
—¡Buenos días, hyung! –saludó Dae con entusiasmo exagerado, consciente de que su mayor había estado la noche anterior trabajando hasta tarde en la producción de un álbum.
—No me hables, Daesungie…
Ana se dobló de la risa y Viri suspiró en cuanto tomó asiento a su lado.
—¡Dios, qué tráfico allá afuera! Casi no llego.
—¿Qué no vienes de tu casa? –cuestionó Anne.
—Tuve una cirugía urgente a las cinco de la mañana, vengo del hospital. Seung Hyun se encargó de traer a los niños. –compartió la rubia.
—¡¿Dejaste que Choi los preparara?! –exclamó la castaña-. No quiero ver cómo quedó Hani.
—Ni me lo recuerdes, así como es, no quiero saber. Al menos Hyun Su no deja influenciarse tanto por su papá.
—Ya te dije que todo quedó bien. –protestó Choi, negándose a quitarse las gafas oscuras que bloqueaban sus ojos cafés.
Las amigas rieron, secundadas por Daesung, que escuchaba la plática mientras miraba alrededor.
—Oh, cariño… ¿Que esa no es Jannet?
Kang señaló a la parte de debajo de las gradas, cerca de la duela. Allí Viri y Ana reconocieron efectivamente a Toto, que felizmente fotografiaba a la pequeña Sun Hee con una cámara. A su lado, divisaron a Seungri mostrándole a su hija gestitos tiernos para que ella lo imitara.
—¿Por qué jamás dejan de parecer adolescentes de quince años? ¿Alguien me explica? –frunció el ceño la señora de Kang.
—Es Toto ~.
—Es Seungri ~.
Seung Hyun y Viri evidenciaron al unísono, como si fuese la cosa más natural del mundo. Ambos Kang rieron y asintieron en acuerdo como dándose cuenta de la estupidez de la pregunta formulada.
¿Qué si todos iban en la misma escuela? Sí, qué coincidencias… Aunque la verdad no, no lo eran. Como en todo, había un lazo entre las cinco parejas que los hacía interrelacionarse lo más posible, que iba desde las celebraciones hasta las escuelas de sus hijos desde el pre-escolar. Porque sí, todos tenían hijos. ¿Qué afortunados, no?
“Una bienvenida a todas las mamás y padres de familia, en unos minutos daremos inicio a este festival con el motivo del día de la madre”
Las palabras proclamadas por la directora del plantel, acalló el bullicio que había en las gradas, provocando que los asientos comenzaran a ocuparse más rápido.
—¿Dónde están Diana y Sol? Ya está por comenzar. –consultó Viri preocupada.
—No sé, pero creo que Di debe estar con Tae Hyun, me comentó que haría un solo tocando el piano. Y con lo tímido que es, ya sabes.
—¿En serio? Entonces allí debe estar Young Bae. Pero los otros dos…
—Ni te preocupes, Viri, ya llegaran. Con lo diva que es Kwon, seguro sigue en el salón de belleza. –comentó Ana con desenfado.
—No creo que Sol sea así. –replicó la rubia.
—Yo no hablaba de solecito. –recalcó Kang sonriendo con maldad.
Viri no pudo evitar reír por la alusión de su amiga.
—Honey, mira, allí esta Hani.
Viri vio a su hija alisarse la falda de rock & roll que usaría en la muestra de baile de su grupo. Su cabellera larga y rubia como la de su madre resaltaba de entre todas las demás niñas en su mayoría castañas. Tenía unos ojazos grandes, profundos y de precioso color olivo.
La pequeña al sentirse observada, miró a su alrededor e identificó a sus padres que la miraban desde las gradas. Coqueta, les saludó agitando sus manitas, que repiquetearon por las pulseras que las adornaban para la presentación.
—¡Papi! –chilló desde abajo, sonriéndole ampliamente a Seung Hyun, que hipnotizado por su heredera, le respondía desde arriba con el mismo ahínco.
Hani adoraba a su padre, y Viri perjuraba que lo quería más que a ella, por lo que siempre decía en broma que su hijo varón sería su único heredero. Hyun Su era el primogénito de la pareja, Hani era la menor. Y a diferencia de su hermanita, era más apegado a su mamá.
Las luces fueron atenuándose, en un aviso de que el evento estaba por comenzar. El silencio poco a poco fue adueñándose del gimnasio.
—¡Mira! Es Diana y Young Bae. -susurro Viri, señalando con la vista la segunda hilera de las gradas. Ellos se encontraban en la quinta.
La pareja ‘sweet’ se hallaba inmersa en preparar la videocámara que traían consigo, con el único objeto de filmar la presentación de su único primogénito.
Tae Hyun era un niño serio y tranquilo que contaba apenas con ocho añitos. Era introvertido y amable, jamás se metía con nadie a menos que fueran los hijos de Kang, Kwon o Choi. Con ellos, se mostraba extrovertido y más enérgico, aunque la mayoría del tiempo se envistiera con su faceta de timidez.
De todos los hijos de los bigbangeros era el mayor, y en su carácter noble, trataba con respeto y afabilidad a sus primas y tías. Aquel día tendría una presentación con el piano, tocando una pieza instrumental que le había ayudado su padre a montar.
Los Lee se acomodaron junto a ellos, ayudándoles en el ajuste de si videocámara. Jannet aprovechaba para mostrarle a Diana las fotos tomadas a Sun Hee con su hanbok antes del baile tradicional que llevaría a cabo. Ni siquiera se ocuparon de buscar a sus amigas entre el tumulto, estaban tan emocionadas y nerviosas con el asunto de sus polluelos, que ni se acordaron.
La mujer que llevaba la rectoría de la escuela volvió a dirigirse a los presentes, dando inicio con un breve discurso de bienvenida y felicitación a las mamas que festejaban su día.
—¿Ya dije que odio los festivales? –mencionó Ana, aburriéndose de la sensiblera palabrería.
—No en los últimos veinte minutos, chagi. –ironizó Dae, tomándola de la mano para que pusiera atención.
—¡Seung Hyun! ¡No te duermas! –regañó Viri a su marido que comenzaba a cabecear detrás de las gafas oscuras.
Viri confiscó el objeto para impedir que volviera a dormirse, oyendo un gruñido de desacuerdo. Seung Hyun entonces apoyó su cabeza en el hombro derecho de su mujer, mirando al frente y haciendo un esfuerzo sobrehumano por no cerrar los ojos.
La primera muestra dio inicio.
El grupo al que los gemelos de Kang y Howl –el hijo varón de Sol y Ji- pertenecían, dio apertura con la recitación de una poesía y el cántico de una canción dedicada a las festejadas en su día. Los pequeños, lucían elegantes en sus uniformes cuidados y alineados perfectamente.
Ana no pudo evitar el orgullo interno de ver a sus hijos mostrando sus habilidades para ella, porque sus retoños poseían una hermosa voz como su padre y un carisma brillante. Por ende, puso toda la atención del mundo a la presentación, al igual que un feliz Doradae a su lado.
Los aplausos resonaron fuertes y cálidos.
—¿Donde diablos están los Kwon? ¡Su hijo acaba de recitar y ellos ni sus luces! –acotó Viri con indignación, mientras seguía palmeando.
—Pobre de mi sobrino, quedara igual de traumado que su padre. –lamentó Ana, mirando a sus gemelos y al pequeño Hwol murmurar entre ellos.
Lo que no sabían, era que Sol y Jiyong seguían en evento desde el nivel bajo de la duela, lugar en el que habían estado con su hija de tres años, desde antes que el festival comenzara. En cuanto hubo una pausa para la próxima muestra, la pareja ‘líder’ se acomodó en la segunda fila junto a Young Bae, Diana, Jannet y Seungri.
—¡Oye, eso es discriminación! –se quejó Viridiana, levantándose para ir a ocupar los espacios que quedaban vacíos –por suerte-, en la fila de abajo.
Como era de esperarse, Seung Hyun la siguió, y tras ellos, Ana y Dae que no quisieron parecer antisociales al quedarse solos arriba.
—¡Ana! ¡Viri! ¿Dónde estaban? No los habíamos visto –saludó Toto al ver a sus cuñadas llegar a su lado.
—Estábamos arriba –contestó escueta, Ana-. Hola, Soul. –saludó de paso a la niña de cabellos negros que se aferraba a las piernas de su madre.
Y las luces se apagaron de nuevo para el próximo evento programado. Era el baile de Sun Hee, al más puro estilo tradicional coreano.
En cuanto la vieron en el círculo inicial que las niñas de su grupo formaban, Jannet y Seungri se emocionaron, tomando enseguida fotografías que plasmaban la tierna y bella imagen de su hija. La pequeña sonreía altiva mientras daba vueltas y balanceaba sus bracitos con elegancia.
Toto quiso llorar. Las tías, sonreían como tontas.
Luego vino el rock & roll que el grupo de Hani decidió bailar como muestra. La niña hechizaba con su encanto Seung Hyun y Viri la observaron orgullosos mientras bailaba al ritmo de la pieza musical.
—No podía esperar menos de mi princesa –presumió papá Choi-. Se nota que es mi hija.
—No creo, hyung. Si hubiera salido a ti no hubiera bailado tan bien. –apuntó Daesung, provocando las risas de todos los demás. Aquello era algo innegable.
Y el momento en que el sólo de Tae Hyun tendría cabida, llegó.
Pese a su timidez, el pequeño de Diana y Young Bae –haciendo acopio de todo su valor-, salió y se sentó en el banquillo frente a un hermoso piano color chocolate. La melodía se desprendió de los dedos del niño, suaves y precisos. La madre conmovida, no pudo evitar que las lágrimas asomaran a sus mejillas. Young Bae no encontró otro modo de consolarla que pasar su brazo por sus hombros mientras hinchado de orgullo, contemplaba los hermosos sonidos que su hijo iba tejiendo en el lugar.
Y el aplauso cálido y glorioso lo ovacionó al término de su intervención.
—¿Y qué harán Hyun Su y Howl? –preguntó Diana a sus respectivas mamás, es decir, a Viri y Sol.
—No se, es una sorpresa. La profesora Kim dijo que se haría cargo de ello. –respondió la rubia.
Así, se fueron sucediendo una a una las muestras preparadas para el festival. Bailes, canticos, obras teatrales, declamaciones y una que otra intervención académica.
—Y para terminar este festival, un último evento preparado por la profesora Kim y cuatro de sus alumnos -anunció la Directora por el micrófono, creando las expectativas de sorpresa-. Quizá todas las mamás aquí presentes conocen la pieza que presentaremos a continuación. Seguro fue su favorita en su juventud.
—Esa señora me hace sentir vieja. -dijo Jannet con desdén, entrecerrando los ojos con disgusto.
—A mí también. –concordó Ana.
Con sorpresa, los ojos de las cinco amigas se abrieron como platos al divisar a sus hijos avanzar al centro del escenario que se montó en la duela, con luces brillantes de colores iluminando el gimnasio.
—Dime que ese no es… -suplicó atónita, Sol.
—No, sí es. –confirmó Ana mirando también a sus gemelos con ese… atuendo.
—¡Papi, Howl! –gritoneó la pequeña Soul sentada en las piernas de su padre.
—Sí mi amor, es tu hermano. –celebró Jiyong con su hija el hallazgo.
—Dime que no le pusiste a mi hijo tus horribles extensiones. –encaró Sol a su marido a su lado, el orgullo que tenía en su expresión se diluyó con las palabras de su mujer.
—¿Horribles? –respondió incrédulo-. Te recuerdo que te encantaban en ese entonces.
—¡Pero no en mi dulce hijo!
—Vamos cariño, no exageres. –dijo Kwon, restándole importancia mientras recibía los cariñosos besos de su pequeña Soul y escuchaba a sus cuñadas reírse a sus costillas.
Pero la risa se le quitó a Viri en cuanto notó a su pequeño Hyun Su enfundado en un traje estilo francés.
—Dime que no es lo que creo que es… -murmuró para sí en tanto que le dedicaba una sospechosa mirada a Seung Hyun.
Choi no hizo más que encogerse de hombros.
Y de pronto, sus temores se volvieron realidad. En cuanto los primeros acordes sonaron, quisieron desmayarse.
¡Wow, fantastic baby!
¡Bomshakalaka!
¡Bomshakalaka!
¡Bomshakalaka!
Dance, Dance, Dance…
—¿Te dije que odio los festivales? –apuntó Ana a Dae.
—Sí, cariño.
—Creo que yo también los odio. –dijo Viri, con los ojos bien abiertos y el rostro lleno de vergüenza.
—Y yo. –apoyó Sol.
—No sean exageradas, es lindo. –calmó Diana, riendo por los mini herederos imitando la canción que efectivamente, fue de sus favoritas en su adolescencia.
—¡Amo los festivales! –vitoreó Toto, moviéndose del lado a lado al ritmo de la música.
Sin embargo, a pesar de todas las adversidades, desvelos, bilis, cuidados y complicaciones, ser madre era genial.
No, la verdad es que no.
LOL
¡Feliz día de las madres!
.
NA’s: ¿Y? ¿Qué tal? ¿Divertido, no? LOL
Sorry, este especial no estaba pensado para existir, pero en el transcurso de este día que fue el ‘Dia de las madres’, y de repente salió este especial después de leer un articulo interesante en el periódico. Considero que este especial, más que una especie de escenario proyectado a futuro, es más ubicado en una dimensión paralela. Y que más que un especial, es un momento de autotrolleo ante la ironía de que ninguna de nosotras es madre y no anhela serlo… por lo menos no ahora.
Bien, espero que lo hayan disfrutado y se hayan reído un rato. See you!!!
¿And?
120425 BIGBANG @ SBS Hanbam “2012 Visit Korea Year” News & Interview
Seungri’s Japanese.
GD’s Chinese.
taeyang’s English.
and then there’s TOP’s SPANISH AND DAESUNG’S FRENCH! BAHAHAHAHA LOLLL.
I could be wrong with GD speaking chinese… correct me if i’m wrong :)
‘Connections’
Parte 24.1
.
Taeyang se encontraba agotado y quería dormir tan profundamente como su amigo Ji o TOP; sin embargo, en su afán de mantener las cosas en orden decidió postergar su descanso para desempacar las dos maletas que amablemente Choi Dong Wook les había hecho el favor de llevar en medio de la repentina crisis.
Abrió la maleta y aquello fue como abrir la Caja de Pandora. Caos. La ropa se hallaba totalmente revuelta.
—¡Dios, dime que esto no es cierto!
La voz de Tae sonó casi quebrada por la impresión. Se7en les había enviado uno de los atuendos que habían usado para la promoción de Fantastic Baby, y no exactamente los trajes que hubiesen sido de su preferencia.
Definitivamente no quería estar allí cuando los demás vieran la valija y se dieran cuenta de que la idea de pasar desapercibidos sería imposible. El traje turquesa y el morado de TOP y Dae no ayudaban mucho, tampoco el pants rojo de Tae o el rosa de Ri.
—¡Vaya suerte! –suspiró Bae ya sin darle muchas vueltas al asunto. Decidió irse a dormir, deseando que cuando despertará, su ropa fuese otra.
Entre el jet lag, el estrés y el cambio de horario, los chicos despertaron rayando casi las ocho de la mañana. La cita se había acordado a las diez. Ana le había dado a Seungri la dirección del lugar y –como parte de su venganza personal- un dulce: “Lleguen como puedan”.
Ya despiertos, los jóvenes procedieron a alistarse.
Young Bae ya se estaba preparando psicológicamente para el episodio que interpretarían sus amigos a continuación. Seungri estaba emocionado y ansioso, así que corrió hacia las maletas. Llevándolas al centro de una de las camas, procedió a abrirlas.
—Es broma, ¿no? –habló Daesung de buenas a primeras.
—¡Choi Dong Wook! ¿Cómo pudo enviar mi traje así como así? –exclamó TOP, notoriamente enfadado por la poca delicadeza que había tenido con sus ropas.
Todos se sorprendieron. ¿Cómo era posible que se preocupara por algo así? No tenían ropa apropiada para la ciudad y él se quejaba del cómo habían enviado sus prendas.
—No puedo ver a Janet así. No. No puedo verla… No. -comenzó a negarse Seungri, sintiéndose de pronto en medio de una tragedia griega.
Taeyang echó una mirada general y tomó su ropa para cambiarse.
—Por si no lo han notado, falta sólo hora y media y no sabemos qué tan lejos está ese lugar. Más vale que nos apresuremos.
En ese momento él afirmó –sin notarlo- lo que casi todos querían oír, que los cinco asistirían a la cita. Era muy probable que las amigas de Jannet la acompañasen, y ya fuera por curiosidad o porque en verdad lo desearan, no podían dejar pasar la ocasión de volver a verlas.
Lee suspiró tranquilo. No sabía exactamente lo que iba a suceder, y sentirse acompañado de sus amigos le brindaba bastante calma.
—¿Todos iremos, Young Bae?
El líder rompió el silencio con su escepticismo. Eso de “alborotar” a todos, no se le hacía tan buena idea.
No obstante, Tae empezaba a desesperarse por la actitud negativa de su mejor amigo. Regularmente Jiyong era una persona amable, dócil y divertida, pero a veces podía llegar a ser tan berrinchudo y terco.
—Creo que es algo importante para Seungri, así que me gustaría acompañarlo. Si lo deseas puedes quedarte en el hotel, yo me haré responsable. –apuntó el chico ‘sol’.
Kwon, que no estaba acostumbrado a que su amigo se revelara y todavía molesto por toda la situación en la que se veían envueltos, soltó:
—¿Tan responsable como cuando se escapó para venir a aquí?
Golpe bajo.
La mirada desafiante que intercambiaron fue deshecha por el líder, que tarde meditó en la dureza de sus palabras. Y pesar de que tenía razón, Taeyang supo que Jiyong habló sin pensar. Sin un comentario de por medio, Kwon fue a su habitación a alistarse. Al final también iría.
Sintiéndose totalmente ridículos –y después de algunas maldiciones a Se7en-, los chicos de BIGBANG bajaron a la recepción a solicitar un taxi que los pudiera llevar al lugar del encuentro. En cuando bajaron al mezzanine, sintieron las miradas clavadas en sus peculiares atuendos.
“Inhala, exhala”, se repitió TOP mentalmente. “Hyung va a morir cuando regresemos”.
Estaban muertos de vergüenza. Todos a excepción del menor, que se encontró demasiado nervioso como para poner atención a su alrededor.
Mónica de nuevo los atendió, indicándoles que en está ocasión los taxis eran más pequeños, ya que los de la terminal aérea por el momento estaban ocupados. De mala gana accedieron. No les agradaba la idea de separarse en esa gran ciudad, pero no les quedaba de otra y, para colmo de males, la última acotación que les hizo la recepcionista los había hecho sentir más idiotas: “Si nos hubiesen informado antes, habríamos podido conseguirles ropa apropiada”.
Pero ya no había tiempo, tenían que partir. Contaban con apenas 45 minutos, y en descenso.
Del otro lado del espejo, las cosas no habían resultado más sencillas.
Con gran sorpresa, el día anterior Jannet había recibido aquel mensaje que en su vida no esperó: “Hola Toto ¿Cómo has estado? ¿Es raro que te escriba? Iré al grano: Seungri vino a México. Él y sus cuatro amiguitos te buscan. Contesta rápido para que no me sigan molestando”
Tras leerlo, Jannet no entendió el significado de todo aquello. Muchas preguntas se arremolinaron en su cabeza. ¿Hablaba del mismo Lee Seung Hyun? ¿Qué hacía en México? ¿Por qué la buscaba?
Se sintió muy nerviosa. No quería hacer algo sola. Era impresionante el hecho de que los cinco se movilizaran para localizarla y que la fuente de contacto fuera a través de su antigua amiga. Lo que menos hubiese esperado.
Tenía mucho que no veía a Ana; sin embargo, Jannet estaba segura de que su rencor por los chicos no había disminuido ni una pizca. Y tampoco es como si pudiese imaginar a Kwon Jiyong pidiéndole un favor después de aquella pelea.
Esa situación daba miedo. Mucho en realidad. Aunque si consultaba a esa sensación que aturdía sus nervios, le daba más miedo ver a Lee otra vez. ¿Qué querría de ella? Después de tanto tiempo… ¿Y si sólo había regresado para decirle cuanto la detestaba?… ¿Y si planeaban una venganza?
La sola idea la estremeció, causando que los vellos de los brazos se le erizaran en respuesta. Definitivamente no podía hacerlo sola, no quería y no podía. Inevitablemente se vio en la necesidad de acudir a las únicas personas capaces de infundirle valor en una situación como esa.
Ana, Diana, Viri y Sol.
Por el único medio que las mantenía en mudo contacto –Facebook-, Toto las convocó mediante un mensaje en las que les suplicaba que por favor la acompañaran al encuentro con el maknae, al cual había accedido a presentarse porque sentía que debía hacerlo, pero que no quería ir sola. Toto apeló a su antigua amistad y cariño, terminando por convencerlas de estar con ella ese día.
Desde hacía un buen tiempo –quizá un año o dos-, Sol y Ana eran clientes frecuentes de un pequeño establecimiento llamado “La Casa del Té”. La mercadóloga consideró que aquel lugar podría ser conveniente y, consultando a Sol, acordaron que allí sería la reunión.
Conocían a los dueños del lugar y, como un favor especial, lo solicitaron en reservación privada antes de que abrieran al público, un poco antes del mediodía. Les inquietaba el hecho de encontrarse nuevamente con los chicos, pero aun más que las fans se enteraran, y si se llegaba a saber que el grupo estaba en México eso iba a ser un caos. Necesitaban discreción, y “La Casa del Té” era perfecta.
Las chicas quedaron en la estación del metrobus que daba a la avenida en que se encontraba el local. Viéndose reunidas escasos minutos antes de las diez, caminaron hasta dar con la casona. Entraron cuando el mesero a cargo les dio la bienvenida.
En un primer momento decidieron quedarse en la “Sala Anglo-Francesa”. Era una habitación amplia y lo suficientemente iluminada por los grandes ventanales que daban a la calle y el claro de las paredes. Su decoración inmediatamente remitía a los salones de té de la Inglaterra del siglo XVIII, o los cafetines de tertulia del siglo XIX francés.
Aunque si hubiesen ido allí de ocasión, seguramente habrían elegido ocupar la sala contigua; no obstante, sin conocer las intenciones de los bigbangeros esa zona era la más apropiada para estar.
Era cierto, habían pasado algunos meses –poco menos de un año-, pero no tanto como para alegar que eran unas extrañas; sin embargo, habían cambiado. No solo físicamente –ejemplo era el largo cabello de Jannet que casi llegaba a su cintura, o el corto de Sol-, sino en el trato, en la forma de hablar, en sus maneras de conducirse. Parecían un poco más introvertidas y algo más hurañas.
Pero así como sucede entre los niños, al principio no hablaron mucho, manteniéndose serias y silenciosas, pero en cuanto los minutos pasaron entre una taza de té cortesía de Fanny –la otra mesera de medio tiempo que había llegado a ayudar-, todo volvió a la normalidad, como en el pasado.
Risas y risas imperaron en el salón, contándose todas las cosas que idiotamente se habían perdido.
Cuando ambos taxis dieron por fin con la dirección en la colonia Roma, los chicos de BIGBANG se desconcertaron. ¿Era la dirección correcta? Efectivamente si era el lugar según las señas dadas, pero el local parecía cerrado.
—Hyung, llama a Ana Sshi para ver si hay algún error en la dirección. –dijo Seungri a Daesung, encontrando la fácil solución a los nervios que comenzaron a alterársele.
—No le llames -irrumpió bruscamente el líder observando al lado contrario de la acera-. Tal vez nos equivocamos y es por allá.
—Tienes razón –concordó TOP-, podemos ir a ver si es de aquel lado.
Los cinco jóvenes cruzaron la calle cuando el rojo brilló en el semáforo de la esquina. Al llegar al otro lado buscaron la dichosa “Casa del Té”, paseando sus ojos por cada una de las construcciones cercanas.
En la búsqueda, Ji notó que el camellón comenzaba a poblarse de puestos ambulantes, personas que empujaban y jalaban cajas, mientras que otros acomodaban figuras, discos, libros y una que otra decoración antigua.
—¡Hey, lidah! Camina -dijo Seung Hyun empujando a Jiyong-, de este lado no hay nada, es mejor que llamemos a Ana Sshi.
—Se los dije –punteó el maknae-. Por favor Dae hyung, llama a Ana Sshi.
Kwon giró sus pupilas y el chico ‘smile’ extrajo el teléfono de su bolsillo.
Uno, dos, tres tonos.
Dentro del establecimiento, la amena charla de las amigas fue irrumpida por el tono de celular de la chica. Ana observó la pantalla, reconociendo de nuevo ese número. Por su mente pasó que cancelarían, que todo había sido una cruel broma de su parte, así que cuando contestó la rudeza en sus palabras se hizo notar.
—Diga.
—¿Ana Sshi? Eh… Te comunico con Seungri. –habló la voz que Ana reconoció perfectamente.
Comenzaba a odiar realmente eso. ¿Acaso Daesung era el secretario particular del menor?
—Ana, creo que el lugar está cerrado. –informó el maknae en tono nervioso y olvidando por completo los sufijos.
—Eres un bobo en verdad. Quizá si tocarás la puerta, alguien abriría.
Y sin más, la castaña cortó la llamada.
—Ese hombre es un idiota, sigue siendo el mismo de siempre. –comentó Ana a las demás jóvenes que estuvieron atentas a cada palabra por el auricular.
—Dice que toquemos. –comunicó Seungri mientras intentaba ver si había algo detrás de los vidrios de la puerta.
Kwon se enojo al oír aquello. Ya se imaginaba el tono gamberro de esa con su maknae, pero era cierto, lo lógico no se les ocurrió.
Tocaron la puerta.
Él mesero tranquilamente acudió a abrir, y el silencio repentino de las chicas le puso la piel de gallina. El rechinido de la vieja puerta hizo estremecer a todos adentro y ningún sonido osó producirse en el espacio.
Y de la nada, una risa inundó el lugar. Parecía ser Alex, el mesero.
Las chicas murieron de curiosidad ante aquello tan extraño, pero se mantuvieron firmes en su lugar, tratando de mantenerse lo más indiferentes posible. No obstante, en cuanto vieron entrar a Daesung y Taeyang –o más bien cuando vieron los trajes que usaban-, se cubrieron la cara.
“No te rías, no te rías, no te rías”, se repitieron mentalmente.
Pero la gota que derramó el vaso fue cuando Choi Seung Hyun cruzó el umbral ataviado con ese lujoso y extravagante traje color turquesa.
No pudieron más. Soltaron sonoras carcajadas.
La cara de frustración de TOP ante la reacción de las cinco jovencitas fue igual de memorable que su vestuario.
El ambiente se tensó cuando Seungri hizo su entrada. Omitió a todas las chicas visualmente, centrándose en la razón por la que se encontraba en México: Jannet.
La mencionada tragó saliva y bajó sus oscuras pupilas.
No pasó desapercibido para el maknae que ella ya no usaba los anteojos de marcos oscuros, sino unos más discretos y transparentes en su totalidad, así como que había dejado crecer su pelo, poco arriba de la cintura. Se veía distinta, bellamente distinta.
Ji fue el último en ingresar al salón. Esos pantalones blancos le daban aspecto de un fumigador, o eso le pareció a las niñas. Con su penetrante y despectiva mirada las recorrió de arriba abajo, sin fijar demasiada atención. Ana no pudo dejar pasar esa oportunidad para endulzar su vida con comentarios sarcásticos.
—¡Vaya! Aparte de fumigador, barrendero. El líder cada día es más impresionante –apuntaló-. Quizá si tenemos suerte, el día de hoy también sea nuestro mesero.
Las señoritas rieron por lo bajo pero de inmediato se sosegaron, propinándole un discreto golpe a Anne. Tenía que comportarse.
Era de esperarse que Ji no entendiera nada del español que ella usara, así que se limitó a bufar y rodar los ojos con fastidio. Diana –comportándose más maduramente que el resto de sus amigas-, notó que dadas las circunstancias, todos con excepción de Seungri y Jannet estorbaban. El propósito de la reunión estaba ahí, frente a sus ojos. Ellos debían hablar.
La joven castaña fingió una pequeña tos, dando así la señal para salir e ir a la sala contigua.
—Creo que el cuarto de meditación nos iría bien en estos momentos.
Y con una sonrisa cálida y de apoyo hacia Toto, las otras cuatro abandonaron el salón ante la mirada desconcertada de los jóvenes.
Jannet sin saber qué hacer se mantuvo en el lugar que antes ocupara en una de las mesitas de té. Nerviosa, comenzó a rasguñar sus dedos por encima de su regazo. Los chicos de BIGBANG –ignorados como si fueran completamente desconocidos por el grupo de amigas-, terminaron por seguirlas a la habitación adyacente para dar privacidad a los asuntos que tuvieran que tratar.
—Esto no es cómodo hyung –quejóse Daesung mirando su ropa-. ¿No podemos ir a cambiarnos y luego regresar?
—¿Qué? ¿Nada más por darles gusto? No. Ya estamos aquí y ahora se aguantan. –sentenció Jiyong deteniéndose un poco en la entrada del ‘Salón Hindú’. Su nombre, bien le hacía justicia.
Era una habitación amplia y tapizada con un decorado oriental. En vez de mesas de té, como en el salón contiguo, había divanes y sillones en cómodas piezas largas y rectangulares que invitaban a la relajación al sabor de una taza de buen té. Las cortinas semi-transparentes que cubrían el gran ventanal, impedían que luz en exceso ingresara a la sala, provocando un efecto espiritual y enigmático.
Eligieron un diván que yacía al fondo, en el rincón izquierdo de la sala, cosa que les dejaba advertir quién entraba o salía de la habitación. Sol se acomodó junto a la pared y Viri se sentó junto a ella para poder seguir la conversación que habían comenzado previamente. Diana apresuró el paso y se sentó a la izquierda de la rubia, y sin dejarle otra opción, Ana quedó en la orilla.
Viri decidió ir a solicitar las cartas a Alex y Fanny, pero exactamente cuando llegó a la puerta casi choca de frente contra Choi Seung Hyun, que en ese momento intentó asomarse un poco adentro.
Su turbación se hizo notar. Las mejillas de ambos ligeramente se tiñeron de un tímido rojo al cruzar esa directa mirada. Hacía un buen tiempo que no se veían de aquella forma, de tan cerca. Y esa conexión que desde siempre existió entre ellos renació, tan sólo con el cruce de sus miradas. La química entre ellos era inevitable.
Jiyong regresó a los tórtolos a la realidad cuando haciendo acopio de toda la educación y buenos modales que le enseñaron en casa, habló a Viri:
—¿Podemos esperar aquí mientras terminan? –consultó el líder, refiriéndose a la charla de los maknaes. Su voz sonó neutral y hasta –si se le ponía especial atención-, algo amable.
Viri comprendió.
—Claro, claro, no hay problema. –giró medio cuerpo para no obstaculizarles el paso. Los chicos entraron, y la rubia siguió con su camino.
Al llegar al marco de la cocineta en que el joven mesero acomodaba algunas teteras, la chica cayó en cuenta de lo que había hecho: Ana y Kwon Jiyong en una misma habitación.
—Alex, ¿Algún refugio nuclear cercano que conozcas? –terminó por decir al muchacho albino que con diversión frunció el ceño-. Creo que acabo de desatar la 3ra Guerra Mundial.
Viri en cuanto se escuchó a sí misma, corrió de nuevo a donde estaban sus amigas.
—¡Por favor llévanos rápido las cartas! –alcanzó a decir en su apuro.
Alex dejó a un lado las piezas de porcelana y tomando las libretillas, procedió a llevarlas a la sala de “meditación”. Cuando puso pie en la pieza, sintió instantáneamente la enorme tensión y ‘mala vibra’ que emanaba el lugar. Siempre creyó que ese efecto era propio de las caricaturas o de las películas dramáticas, pero tal parecía que no, lo estaba viviendo en carne y hueso.
Aún con el escalofrió que recorrió su espina dorsal, Alex decidió actuar naturalmente y cumplir con su labor diaria. Repartió los cuadernillos que fungían como cartas, primero a las señoritas y después a los jóvenes que ya se encontraban alineados en el diván frente a la entrada y a un lado del que ocupaban las chicas.
Y como si fuese una gran coincidencia, se hallaron acomodados en el igual orden que ellas: Daesung, Young Bae, Seung Hyun y al final, el líder.
Sin dirigirle la mirada y como en un soliloquio, Ana pronunció como consejo para el amable Alex:
—Él de blanco es el líder de los idols. Ojalá tu menú sea lo suficientemente bueno para él. ¡Oh espera! Creo que nada es lo suficientemente bueno para él.
La castaña sólo pudo sentir el pellizco de Diana en su brazo y la mirada pesada de Sol en advertencia. A pesar de que los chicos no habían entendido ni una pizca de su lenguaje hispano –con excepción de la palabra idols-, sintieron el sarcasmo en sus palabras. Jiyong notó la expresión severa e irónica en el rostro de esa ‘niña’ que tanto se había ganado su antipatía. Seguro no le daría tregua, y eso era malo. Estaban en su territorio.
Dejando las malas miradas e ignorándose mutuamente, cada quien se centró en la extraña carta.
En el salón contiguo, Seungri tomó asiento en la mesita de té que mantuvo a Jannet inmóvil, quedando justo frente a la jovencita. Aquello simulaba una especie de ‘careo’ judicial.
Ambos estaban inmersos en un mar de nervios, albergando todo tipo de temores, aunque muy diversos entre sí. Seungri no sabía cómo empezar. Ni siquiera se habían saludado debidamente y la garganta comenzaba a secársele.
Jannet recordó las palabras dichas por sus amigas antes de llegar al lugar de la reunión: “Agua pasada, no mueve molino”, concentrándose en el significado que esa frase contenía.
“Se dice tan fácil…”, pensó Toto, mordiendo su labio inferior para después mirar su inacabable taza de té. Tras unos odiosos y eternos minutos de silencio, se armó de valor.
—Seungri Sshi… ¿Para qué quería verme?
La formalidad usada, así como el tono impasible con el que la ex-guía le habló, desconcertó al maknae. Obviamente no esperaba una bienvenida cálida, pero no estaba en sus planes aquel recibimiento tan impersonal y distante.
A pesar de ello, Seungri se sosegó al respirar limpia y profundamente. Técnicamente había cruzado el globo terráqueo para obtener sus respuestas y no se iba a quedar callado ahora.
—Sé que no esperabas verme otra vez –comenzó Lee-. Y para serte sincero, yo tampoco. Es decir… después de lo que ocurrió.
Jannet alzó por primera vez sus dos oscuras pupilas y le miró. Luego asintió en acuerdo. Un estado de ánimo profundo y amargo la inundó. Recordar aquello, llevar sus pensamientos a esos pasados días, no era sano para su salud mental.
—Y… ¿Y entonces por qué…? –balbuceó Toto, no entendiendo el punto.
—Necesito saber lo que pasó. Lo que realmente pasó –soltó el maknae-. Sí, también sé que suena absurdo pero créeme cuando te digo que esto me ha estado molestando desde hace tiempo. Las respuestas que…
—¿Respuestas a qué? Lo pasado, pasado está Lee. Déjalo atrás. –atajó Toto.
—¡Pero quiero saber qué paso! –insistió el chico-. No puedo concentrarme ni hacer nada bien desde que me sigo preguntando los motivos, al no encontrar una respuesta lógica…
—¿Respuesta lógica? –cortó Jannet ofendida-. ¿Quieres saberlo? ¿Después de cuánto tiempo?
Inusitadamente, Jannet había alzado dos decibeles el tono de su voz. Había ya en sus ojos una chispa de enfado.
—¿Olvidas que ustedes fueron los que ni siquiera nos dejaron explicar nada? –aguijoneó la joven, ya acalorada de las mejillas-. Y ahora vienes… Vienes como si nada hubiera pasado.
Seungri pestañeó escuchándola hablar, avergonzándose y doliéndose internamente por sus palabras. Porque todo lo que ella le reclamaba no destilaba más que verdad. Y eso era algo que no pensó cuando partió de Corea. ¿Cómo pretender que se abriera a él después de rechazar sus argumentos, de obligarla a cerrarse?
—¿Qué es lo que deseas? ¿Qué buscas con saber todo ahora? ¿Qué todos seamos los mejores amigos del mundo o qué? –cuestionó la muchacha, hastiada de no entender su pretensión.
—Sólo quiero saber lo que sucedió. Quiero escucharlo de ti, que me cuentes cómo pasó. Saber sus razones, saber si lo que vivimos durante esos días fue real… Yo sólo…
Jannet soltó un hondo suspiro, llamando la atención del menor.
—Está bien. –dijo, y comenzó a hablar.
Ajenas a lo que ocurría en el salón clásico, Diana y Viri comparaban las características de los tés grabados en las cartas. Era la primera vez que visitaban ese lugar y les parecía sumamente novedoso e interesante, independientemente del contexto en que se hallaban inmersas.
Preguntaban constantemente a Ana y Sol acerca de los símbolos que acompañaban los títulos de las infusiones, riendo y bromeando con las descripciones relatadas debajo de sus nombres. Las otras dos amigas les hacían recomendaciones de los que previamente habían probado.
Fany, la chica que trabajaba allí de medio tiempo y era amiga del grupo de jovencitas, entró a la habitación a tomar las órdenes correspondientes. Alex había dicho que no quería entrar nuevamente en ese lugar tenebroso si podía evitarlo, así que la buena de Fany fungió de kamikaze y lo hizo.
Ana pidió un “helado de hierbas” como lo había bautizado desde la primera vez que lo probó, incapaz de aprenderse su nombre. Diana en acuerdo con Viri solicitó el té ‘Luxemburgo’ para compartir. Sol pidió el ‘Madame Butterfly’.
Fany con obediencia solícita iba anotando en su pequeña libreta, sonriéndoles amigablemente. Las chicas le jugaban una que otra broma acerca de las jerarquías que tenían el privilegio de gozar en ese lugar en que ella trabajaba. Comenzaban a relajarse y –lo más importante según Ana-, a ignorarlos.
Y los jóvenes lo sintieron.
No habituados a que la gente pasara de ellos, los bigbangeros albergaron una especie de malestar. Se sintieron incómodos y fuera de lugar. Insignificantes. Como nunca en muchísimo tiempo.
Observarlas reír, conversar y expresarse de aquel modo tan cotidiano, les hizo saber –muy a su pesar-, que contrario a su percepción y prejuicios primeros, esas mujeres no vivían por y para ellos como muchas otras fans, si es que aún lo eran. Cosa que evidentemente dudaban.
Las cavilaciones colectivas fueron interrumpidas por la sonrisa simpática de Fany y las palabras suaves en que les pregunto por su orden.
Estaban confundidos. TOP mantuvo su mirada fija en los nombres de las infusiones intentando comprender algo. Una que otra ocasión se encontró con nombres chinos y japoneses que le resultaban familiares, pero no estuvo seguro. Taeyang junto a él, trataba de descifrar cuál era el significado de todo ese menú.
—¿Puedo hacerles alguna recomendación? –sorprendió Fanny en un perfecto inglés que a ellos les cayó del cielo.
—Por favor. –accedió Young Bae, regalándole una agradecida sonrisa. Al menos ya no se sintieron tan perdidos en el mundo hispano-parlante como hasta hacía menos de tres minutos.
La mesera –compadecida por los pobres muchachos que a leguas se notaba no entendían ni ‘jota’-, enumeró brevemente algunas infusiones que pensó podrían ser de su agrado. Los bigbangeros entonces estuvieron en condiciones de hacer sus solicitudes sin ningún problema.
En cuanto Fanny desapareció por el umbral, los ocho jóvenes quedaron de nueva cuenta solos en la comodidad del salón. Y por más bizarro que pareciera, aún si fuese una sala artificial de meditación, un aura relajante se hacía sentir, incluso por encima de las confrontaciones silentes entre ambos grupos.
Ana procedió –ante la mirada asombrada y escandalizada de los chicos- a sacarse las botas largas de broches que cubrían sus pies hasta las rodillas, dejándolas desenfadadamente por ahí. Cruzó sus piernas en loto y continuó charlando con Diana y Viri. Sol –abstraída más de lo normal-, leía el artículo de una Revista Sociológica que había cargado consigo. El lunes siguiente tenía que entregar un avance de su investigación y no estuvo en sus planes aquella visita improvisada a la “Casa del Té”.
Viridiana encontró diversión en la acción de Ana y también se quitó los ‘Converse’ blancos que combinó con sus lindos jeans. Diana rio jovial por lo infantil que le resultaron, dejándose finalmente convencer por ellas de imitarlas a “ser libre y ponerse cómoda”, según sus palabras.
Por un momento, la balanza se invirtió y esta vez, fueron ellas las que ejercieron una especie de hechizo sobre los jóvenes músicos. Cada uno lo experimentó de distinta forma.
Young Bae encontraba encantadora la expresión alegre y risueña de Diana. A pesar de las dificultades y la situación penosa que enfrentaban después de todos esos meses. No imaginaba cómo fue capaz de estar sola todo ese tiempo –pues según Seungri, las amigas se habían distanciado- en ese país ajeno al suyo, y a pesar de todo mantener esa alegría y bondad en el claro de sus ojos.
Daesung recordó con placer, los motivos que antaño le hicieron disfrutar de la compañía de Ana. Ese desenfado sincero –y que Jiyong tachaba de cinismo-, su inquietud natural y curiosa, la inocencia traviesa que escondía detrás de esa valentía aguerrida. Berrinchuda, fiel, bipolar, cariñosa, divertida. Cualidades que él encontraba de lo más fascinante en una persona.
Y no estuvo seguro si fue a causa de los estragos de no verla por tan largo tiempo, pero Choi Seung Hyun no podía dejar mirar a Viri. Sus ojos claros, la sonrisa de ángel, la paz que irradiaba con su sola presencia, sus cabellos dorados y largos, las ocurrencias que salían de sus labios delgados y pálidos… Que lo tacharan de loco, pero él juraba no haberla visto tan bonita antes.
Jiyong más bien se halló extrañado. Y no sólo por experimentar la diferencia colectiva de las féminas, sino de ella en particular. Cuando creyó conocerla, Sol mostró un carácter templado y tenaz que la hacía centrarse en sus objetivos. Y quizá eso fue lo que antaño le agradó de ella, su ambición imperturbable de alcanzar metas… sueños. No parecía haber cambiado, tal vez un poco más desinteresada de lo normal.
Comenzó a dudar de sus prejuicios. Se preguntó si en verdad toda la antipatía que les albergaba respondía a motivos lo suficientemente razonables como pensó al inicio.
“… Quizá fue un error, pero después de tanto tiempo sólo teníamos una oportunidad y sólo eso era lo queríamos, una oportunidad de que nos conocieran. Una oportunidad de conocerlos. ¿Acaso siendo una grupo de fans más nos iban a hacer caso?”
Para su propia sorpresa, las palabras que Ana le dedicó después del concierto, hicieron eco en su cabeza.
“Son maravillosas personas, pero se aíslan en su mundo de “idols” en el que no puedes entrar a menos que seas una destacada personalidad. Era ahora o nunca. Obviamente no quisimos que alguien saliera lastimado, el ser guías es la única mentira que les dijimos.”
Jiyong cerró los ojos y agitó la cabeza, intentando espantar esa odiosa voz. Estaba pensando demasiado, analizando demasiado… Necesitaba agua en la cara o algo.
Afortunadamente, quien vino a disolver tan latosas ideas, fue Fanny. La joven mesera entró con las órdenes requeridas. Dejó teteras por aquí, teteras por allá, y el helado antojoso de Ana.
—¡Helado! –gritoneó extasiada la chica, viendo llegar su manjar.
—¡Dame! –exigió Viri.
—Voy al sanitario. –avisó el líder a Young Bae. Echando un último vistazo, abandonó la sala, dejando a los dos grupos en el asunto de los brebajes.
Y todo transcurría con tranquilidad, podría incluso decirse que con éxito y sin complicaciones. Por lo menos hasta que Daesung sacó a su yo interno.
Desde que Fanny trajera el helado a Ana, el chico ‘smile’ no pudo dejar de saborearse. Le entró el antojo y no dijo nada, pensó que se le pasaría. No obstante, ni cuenta se dio que su mirada estaba fija en Ana, observando cómo saboreaba el helado de “hierbas”.
—¿Qué tanto ves? –cuestionó Ana, al saberse observada. La poca amabilidad que emanó de su voz no fue intencional, era sólo que odiaba ser observada mientras comía.
—¿Eh?… No, nada. –respondió el Doradae avergonzado, virando la vista a algún otro lugar.
Hasta que las palabras fueron escupidas, Ana meditó en la dureza que les impregnó con inconsciencia. ¡Pero diablos! La gente en general se incomoda cuando la ven comer ¿No?
De nueva cuenta lo sorprendió mirando su copa de helado. El helado… ¡El helado!
—¿Quieres?
El tono de la chica fue ambiguo. Se sintió culpable de contestarle golpeado, pero tampoco ese que fuera a disculparse o entablar una amena charla como la de los viejos amigos. No obstante, cuando una sonrisa feliz e infantil de Daesung iluminó su rostro, Ana se descolocó. Ese latido en el centro de su estómago no fue normal.
D-lite tomó la copa que ella le ofreció y probó el helado con expectación.
—Sabe raro… ¿De qué es? –preguntó Dae, llevando un poco más a su boca del “extraño” pero delicioso postre.
—¡Oye, no te lo acabes! ¡Es mi helado! –chilló Ana, haciendo por recuperarlo.
Divertido, el chico ‘smile’ se lo negó y lo dejó fuera de su alcance. Así, Ana clamaba por su helado y Dae se lo escondía entre risas, comiendo más y más.
—¡Te lo acabaste! –acusó la chica-. ¡Eres una mala persona!
Diana no aguanto más y estalló en carcajadas junto a Viri. Parecían niños pequeños, uno molestoso y la otra berrinchuda. Sol interrumpió su lectura y los observó con incredulidad, Ana había bajado la guardia por fin y precisamente ante Daesung. Sin poder evitarlo, sonrió nostálgica.
—¡Ustedes dos también son malas personas! ¿Cómo pueden ser felices cuando se come mi helado? ¡Las odio!
A las risas se unieron Young Bae y Seung Hyun, que encontraron en el jugueteo del Kang, el pretexto ideal para poner fin a la tensión y de paso la posibilidad para interactuar con las muchachas. Viéndolas divertirse, conversar y sonreír, no pudieron más que contagiarse. Las sensaciones del pasado se entremezclaban con el presente, dando como resultado que fueran incapaces de ignorarlo.
Cayeron nuevamente. Y tal vez el factor clave a todo aquello fuera uno sólo: Ausencia de Kwon. Pero el tiempo pasaba y Seungri y Jannet no terminaban sus asuntos. Era lógico que algo tuvieran qué hacer para distraerse.
Ana y Daesung riñeron por la potestad del helado de ‘hierbas’. Seung Hyun, sintiéndose alejado del grupo y la diversión, se cambio al diván central que estaba frente a los dos divanes que antes ocuparan, quedando –convenientemente-, frente a Viri. La rubia ante la acción, contuvo el aire y le miró. Fue un instante, pero algo hizo click. Un leve sonrojo invadió sus mejillas.
Taeyang mantuvo su posición pero se inclinó un poco para participar en la charla que pronto entabló con Diana en torno al comportamiento infantil y aniñado de la pareja ‘smile’.
Con los ojos bien abiertos de un espectador, Sol fue testigo de cada uno de los acontecimientos. Pestañeaba con escepticismo, preguntándose en qué momento todo se había salido de control. Es decir, antes de llegar a la reunión habían acordado ignorarlos como a cualquier persona desconocida, no hablarles más de lo necesario y si lo requería en pos de Jannet, pero nada más.
Ironías.
—Saldré un momento a la calle. Ya regreso. –informó Sol a sus amigas, interrumpiendo por unos segundos la animosa conversación de los presentes.
Ana asintió, aprendiendo a leerla nuevamente. Sabía que estaba incómoda con la situación y buscaba despejarse. En cuanto iba cruzando el umbral, alcanzó a oír el murmullo de las conversaciones reanudarse. A su paso hacia la salida pudo notar a los maknaes sumergidos en su plática privada. Todo lucía tranquilo con eso.
Jiyong vio a una mujer salir del establecimiento y, sin darle mucha importancia siguió con su camino. Cuando puso pie nuevamente en la habitación, no pudo creer lo que sus ojos miel vieron.
Interacción everywhere.
Daesung tonteando como siempre con la señorita esa. Seung Hyun, la rubia, Diana y Young Bae platicando tan tranquilos y de lo más quitados de la pena. No podía creer lo que veía. ¿Se iba por menos de diez minutos y ese era el resultado?
Quiso entrar a echar fuegos. Era inconcebible que actuaran como si nada pasara a la menor oportunidad. Ese no era el objeto de la reunión. Sin embargo, no podía negar que al asimilar la escena desde el marco de la entrada –ignorado por todos adentro-, algo le apaciguó.
El hecho de que las jóvenes ya no les ignoraran, que se mostraran tal cual, que volvieran a ser ellas.
Y entonces hecho en falta a “alguien”. Detalló la habitación con su avellanada vista y la fijó en el lugar al fondo del salón, dándose cuenta. Desde el umbral, miró hacia la salida de la casona recordando la figura femenina que desapareció como una exhalación. ¿Habría sido ella? ¿Se había ido?
Direccionó sus pupilas al salón en que Seungri y Jannet conversaban, justo en el marco contiguo. Seguían enfrascados en sus asuntos y no parecía que fueran a terminarlo prontamente.
Dio un paso para entrar al salón de ‘meditación’, pero se detuvo. Alzando la vista, contempló nuevamente el panorama que se desarrollaba dentro.
Oh, seria tan incómodo…
Jiyong pensó que si entraba en ese momento, una de dos. O se mataba con Ana, o se mataba con Ana. No estaba preparado para una cordial convivencia con esas niñas, a pesar de que a esas alturas, en su conciencia había ya estado desatándose un debate moral acerca de ello. Además estar allí era tan sofocante…
Como un imán, sus ojos se dirigieron a la puerta principal del local y meditó un momento. Por inercia se dejó guiar por sus pasos hacia el final del pasillo, pasando de largo ante la mirada atenta y casi telenovelesca que Fanny y Alex pintaron al verlo pasar por el pequeño recibidor mientras tomaban su té de la mañana.
—Qué miedo. –externó Alex, vertiendo un poco más de té negro a su taza.
—Interesante… -cuchicheó Fanny, bebiendo un sorbo de ‘perlas de jazmín’.
Giro inesperado de los acontecimientos.
.
NA’s: Oh, por YG… ¿Qué pasará? ¿Arreglaran sus asuntos los maknaes? ¿Que pasó con Jiyong, ya no está tan neurótico no? Awww, Viri y Seung Hyun~ Y Dae, yo tambien me acabaría ese helado xD! Tae tan asdfaafsfdhdhgfds.
¡Nos vemos en el próximo! No olviden dejarnos algún comentario o así.
¿And…?
‘Connections’
Especial de Vacaciones
I. Pata de Perro
.
Todo sentaba para ser una tarde pacífica, silenciosa y sumamente tranquila. Perfecta para una tarde de descanso.
Aquella mañana, Sol y Jiyong se dejaron despertar rayando casi el medio día. Hacía mucho tiempo que no eran merecedores de tal descanso. Y es que el trabajo de Jiyong en la agencia sumado al de ella en la editorial, les hacía imposible a veces hasta verse en varios días. La situación podría continuar igual si no fuese por las benditas vacaciones.
¿Vacaciones?
Sí, vacaciones.
Resultó pues, que tras finalizar una ajetreada agenda en YG, el líder Kwon y sus cuatro compañeros en BIGBANG fueron compensados con un dúo de semanas libres en las que podrían descansar y realizar las actividades que les permitieran despejarse. Y justo esa mañana, iniciaba el primer día libre de Jiyong.
Teniendo en cuenta que tendría un periodo de vacaciones, el talentoso líder solicitó a su novia que de igual modo tratara de negociar con la editorial un periodo de asueto que coincidiera para ambos y así aprovechar para compartir su tiempo juntos.
Sol estuvo renuente en un primer momento, no estaba muy segura de ausentarse en la editorial ahora que era responsable de una columna en la sección de cultura como siempre fue su anhelo.
No obstante, terminó cediendo ante las persuasiones de su novio idol más la oportuna solución que aportó su coordinador en jefe, que le propuso trabajar durante sus vacaciones a distancia enviando sus artículos por vía electrónica.
Obviamente se rindió y allí estaban, terminando de hacer la despensa en el supermarket. Después gastarían perezosamente, la tarde en películas, palomitas y chucherías. Tranquilos, pacíficamente. Descansando tan sólo.
—¿Me compras esto? –preguntó Jiyong a Sol, alzando en el aire un paquete con pretzels, igual que si le estuviere preguntando un niño a su madre por una golosina.
—Claro, lo que quieras. De todas maneras tú vas a pagar. –comentó la pelinegra con su cabello trenzado a un lado.
Jiyong torció los labios.
—Tramposa.
Echó la botana al carrito de compras y continuó observando a ambos lados del pasillo en busca de algún producto más que mereciera estar en el arsenal de su despensa. Sol miró de reojo a su amor y de repente rió por lo bajo.
Kwon lo notó y preguntó:
—¿De qué te ríes?
—¿No tienes calor?
El chico alzó una ceja y siguió los ojos de ella que se centraron en su indumentaria: una sudadera amplia y negra de capucha, cortesía de Chrome Hearts, que combinó con unos jeans gris perla y unos lentes grandes y transparentes de cristal.
—No mucho.
Lo cierto era que sentía un calor de los infiernos –cosa normal a finales de mayo-, pero se rehusaba a quitarse su ‘camuflaje’ y, Sole –en sandalias y shorts de verano- rodaba los ojos al verlo tirar de la chamarra en busca de aire fresco.
—Como gustes. –apuntó la muchacha que se estiró para alcanzar un bote de helado napolitano. Se rehusaba a enfrascarse en un debate sobre la necedad de su novio por ser irreconocible en aquella pequeña tienda que a esa hora se hallaba semi-desierta.
—¿Y qué película veremos, Sora? –formuló Jiyong mientras esperaron en las cajas.
La chica meditó un momento.
—Ummm, no sé. Cualquiera que no incluya sangre en exceso, rostros exageradamente deformes o violencia demasiado explícita.
Kwon abrió la boca perplejo.
—¡O sea ninguna! –apuntó alzando los brazos al aire para enfatizar su indignación.
—Yo no sé como pueden tú y mi hermano seguir cuerdos después de ver semejantes cosas. ¿O sea, cómo no quedan locos? –rezongó la pelinegra al comenzar a sacar las cosas del carrito para ponerlas en la cinta magnética con la ayuda del chico.
Al notarlo fruncir el ceño, ella abrió los labios.
—Olvídalo. Creo que ya lo están.
Ante la mirada secretamente divertida de la cajera –una chica que parecía apenas pasar de los veinte-, cortaron su litigio. Cada artículo fue pasado por el rojo laser, sumando las cantidades.
Kwon colocó todo en el carrito y la chica informó la cantidad a pagar.
—Te toca.
Para cuando Sol escuchó la frase, Jiyong ya iba empujando el carrito hacia la salida, dejando a su adorada y atónita novia frente a la cajera que ya luchaba por aguantarse la risa. Sole respiró fuerte y mordió la esquina de su labio inferior, se volvió a la muchacha castaña y le entregó la tarjeta que extrajo de su cartera azul.
La pelinegra alcanzó a su prometido casi al final del estacionamiento en donde habían dejado el auto. El sol estaba en lo alto y pudo sentir los rayos quemar la pálida piel de sus piernas descubiertas.
—¿Y entonces qué película veremos? –preguntó el líder de nueva cuenta, desentendiéndose de todo lo que ella estuviese a punto de reclamar.
—No se. –cortó la muchacha, adentrándose en el asiento del copiloto y dar un portazo para cerrar.
Kwon adivinó que estaba molesta. Y seguramente no por lo del pago, si no por dejarla atrás y no esperarla.
Terminando de colocar todo en la cajuela, Jiyong tomó lugar en el volante y arrancó rumbo a la tienda de películas. Sol había conectado el reproductor al equipo de sonido y la música inundó el espacio en el coche. Como la mayoría de las veces, fueron en silencio.
Jiyong supo que ella estaba ya de buen humor cuando la oyó cantar la estrofa de una canción random que comenzó a sonar. Siempre era así.
Para cuando estuvieron en el local donde rentarían sus películas y comprarían otras tantas, ya iban tomados de la mano y tonteando como un par de adolescentes enamorados. Aunque lidiaron una vez más por la elección de cintas.
Regresaron a casa y el reloj en la pared marcó minutos pasados de la una. Tomaron unos momentos para descansar recostándose en los sillones, y luego Sol tomó acción y fue a sacar la despensa. Kwon la alcanzó para ayudarla en su acomodo.
Hicieron palomitas en el microondas y complementaron con otras botanas, incluidos los pretzels de Jiyong y su caprichoso antojo. Sol se llevó el bote de helado a la comodidad de su sala, y pusieron una de las películas. Para no discutir, eligieron una neutral.
“Misión Imposible 4”
Sol pensó que había sido buena elección puesto que había captado totalmente su curiosidad y seguía la trama casi sin pestañear, incluso asustándose de vez en vez por las vicisitudes del personaje encarnado por Tom Cruise. Jiyong estuvo de acuerdo en que la película era interesante.
—¿Por qué siempre tienen que ser agentes rusos? –blandió Sol ante uno de los diálogos sobre información clasificada de misiles nucleares.
—No sé, Sora… ¿Es clásico del juego de espías? –intentó responder el líder.
—Es decir, ya no estamos en la guerra fría. No existe un choque latente entre las dos naciones, en ese caso podrían haber innovado un poco al decir que eran misiles nucleares chinos o norcoreanos. Eso, es más creíble. –insistió la pelinegra, al acomodar sus piernas sobre las de él y sentarse a lo largo del sillón.
El líder de BIGBANG le dedicó una mirada inconforme a su novia.
—Arasseo, arasseo que sean los rusos. –rindióse la chica al recordar la ‘sensibilidad’ de él al escuchar involucrados a sus congéneres.
Se enfrascaron en la historia hasta que el ruido de la puerta combinado con una de las explosiones de la película los sacó de su entretenimiento.
—¿Tocaron? –inquirió Sol a Jiyong, quizá había escuchado mal.
—Creo.
El ruido de la puerta que volvió a hacer eco se los confirmó.
—¿Quién rayos será? –se preguntó el de ojos almendra, fastidiado de levantarse para ir a abrir. Tan a gusto que estaban-. ¿Esperabas a alguien?
Su novia negó al meditarlo como si de verdad lo dudara, aunque estaba segura de que no. Kwon se asomó a la mirilla incrustada en la puerta y al divisar lo que había del otro lado, dio media vuelta y regresó al sillón.
—No es nadie. –informó él como si nada, pasando un brazo por los hombros ligeramente tostados de Soul y atrayéndola para seguir mirando el filme.
El sonido hueco de la puerta volvió a oírse.
—¡Jiyong! –exclamó la chica ante la mentira de él y fue a abrir ignorando las protestas del líder, que desde el sofá observó su andar y se echó una almohada en la cara en señal de tedio.
—¡Soul noona!
Y la aludida abrió grandes sus ojos oscuros.
Era Seungri. Acompañado de una radiante Toto.
—¡Unnie!
“Just kill me now…”
Las dulces vocecillas de los maknaes llegaron a oídos del Jiyong, que se preguntó qué de malo había hecho en su anterior vida como para no merecer ni un día de descanso sin molestias de ninguna índole, sólo con su prometida pasando tiempo juntos. ¿Era mucho pedir?
Todo parecía indicar que si.
—¡Qué sorpresa! ¿Qué los trae por aquí tan de pronto? Es… raro. –saludó Sol, confundida aún de verlos sonrientes y acalorados frente a su puerta.
Notando la descortesía, los invitó a pasar.
—No hay tiempo, unnie. Empaca tus cosas. –imperó una impaciente Jannet llevándose un mechón de su pelo detrás de la oreja.
—¿Qué?
Las espesas pestañas de Sol aletearon como mariposas de primavera, la información no lograba procesarse.
—Empaca tus cosas, ¡Pali! –insistió Toto, empujándola adentro para que se diera prisa.
Seungri las siguió, dejando la puerta caoba abierta.
—¿Por qué? ¿Para qué?
—Nos vamos.
Jiyong esta vez abrió los ojos y aventó el cojín lejos de su cara. De un salto se levantó y llegó hasta ellos.
—¡Hyung! –chilló Seungri al ir a abrazarle como si hubiesen sido años de no verlo, siendo que apenas el día anterior se habían despedido en la compañía.
Con una mueca, Kwon se lo quitó de encima para atender su preocupación inmediata.
—¿A dónde te la llevas? Ella es mía. –reclamó el líder, sintiéndose amenazado. Jaló a Sol y la abrazó dejándola fuera del alcance de ese par de demonios. No suficiente con llegar a irrumpir su pacífica tarde, ahora se querían llevar a su novia.
¡O sea no!
—Hyung, tu también empaca tus cosas. –dijo el maknae, con simpleza.
—¿Qué?
Ahora la incredulidad no cabía en el rostro de ambos, que no terminaban de entender las proposiciones incoherentes que la ‘pequeña’ pareja dejaba de manifiesto así nada más.
—¡Empaquen sus cosas! –gritoneó Toto-. Rayos, ustedes realmente son lentos. –acusó, comenzando a aburrirse.
—¿Cómo…? ¿Pero qué…?
Los balbuceos fueron interrumpidos por los menores.
—¡Nos vamos de vacaciones!
Shock. No había otro vocablo para describirlo.
De la nada, aquellos dos llegaban a su departamento para arruinar su pacífica tarde de descanso, su primer día de vacaciones, su primer día juntos en mucho tiempo; y sólo para decir incoherencias como aquella en que se iban de vacaciones.
¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Por qué?
—¡Aissh, ya! ¡Apresúrense! Me estoy muriendo de calor.
La voz de Ana llegó desde el pasillo como un conjuro. Pronto, la vieron entrar por la puerta seguida de Daesung. Detrás de ellos, Diana, Young Bae, Viri y Seung Hyun se perfilaron por el marco del umbral.
—Ustedes…
—Sí, así como lo ves. –cortó Ana al adivinar el pensamiento del Kwon, impregnando una significativa mirada.
“Si yo sufro, tu también sufrirás”
Y Jiyong entendió todo.
Al igual que a ellos, los maknaes pretendían arrastrarlos a unas impulsivas vacaciones colectivas a quien-sabe-dónde, y por ese motivo demandaban tan fervientemente que empacaran sus maletas.
—Oh no… Nosotros no iremos. Son mis vacaciones. Nuestras vacaciones –precisó al señalar a su novia y a el mismo-. ¡Son días libres precisamente para despejarnos, no vernos a diario como siempre!
Lo cierto es que sin quitar el dedo del renglón, Jannet, Seungri, Viri y Ana –estas últimas más por su propio desquite que por ganas-, terminaron arrastrándolos con ellos al colectivo e inusitado viaje vacacional.
—No se cómo se dejaron convencer. ¡Son nuestros días libres! –renegó Jiyong en la camioneta en que casi arribaban a la terminal del aeropuerto.
—Bueno hyung, pues tú no eres precisamente un holograma. También cediste. –apuntó el chico ‘smile’ con su usual inocencia.
—Daesungie…
—Ni te atrevas, Kwon. –advirtió Ana al notar la intención del líder a ejercer su papel sobre su adorado prometido. El aludido la fulminó con la mirada, misma que la chica de D-lite claramente leyó.
“Bruja”
“Neurótico”
—Ji, podremos descansar donde quiera que vayamos. Tranquilízate, ¿Vale? Disfrutemos del viaje.
Y como si de un sedante se tratase, el mal humor de GD cesó ante la voz de su apacible novia.
—Dale azúcar, Solecito. –murmuró Ana a su amiga, sin cuidarse de si Jiyong le escuchaba o no.
—Kang…
—¿Qué, es una sugerencia? –excusó Anne, captando el mensaje.
Sol rió sin poder evitarlo, observando cómo su amiga se deslindaba al colgarse del cuello de Dae y decirle que quería algo de helado.
—¿Y ya nos dirán dónde vamos? –preguntó Young Bae por fin, dirigiéndose a Toto y Seungri.
—Así es, díganos. Ya que venimos todos, por lo menos merecemos saber dónde nos secuestraran. –apoyó Diana.
—Oye, eso es tan cierto. Esto podría pasar por secuestro. –opinó Viri, alzando su rubia cabellera en una coleta alta con ayuda de su prometido.
—Son unos criminales. –estuvo de acuerdo TOP.
—¿Les decimos? –consultó Toto a su panda.
Seungri se encogió de hombros, dejándole la elección a ella.
—Ibiza.
Silencio.
—¡¿España?! –soltó Sol repentinamente al reconocer el destino turístico europeo.
—¿Qué?
Jiyong parpadeó preguntándose si lo que había escuchado era correcto.
—Aunque en realidad será como un mini-tour por varias ciudades. –detalló Seungri, haciendo caso omiso a los perplejos rostros que no cabían de incredulidad.
—¿No es genial? –consultó Jannet con emoción-. Oh, hemos llegado.
En cuanto la Van se detuvo, Toto bajó de un salto, seguida de Lee. Tras ellos, poco a poco el grupo comenzó a descender por inercia.
—¿En serio vamos a ir a España? –dudó Diana, tomando la maleta que Tae había sacado de la cajuela.
—Supongo. –respondió el chico ‘sol’.
—¡Yey! ¡España! –celebró Viri, ayudando a Seung Hyun a bajar las dos maletas que habían preparado. Él sonrió complacido por su entusiasmada disposición.
—Más vale que sea un buen viaje, o sufrirán las consecuencias. –advirtió Ana a los maknaes, jalando a regañadientes la valija verde de rueditas. Dae tomó su mano y se adentraron a la terminal.
—Será divertido, Ji –acotó Sol caminando al último con su novio-. Siempre quise conocer España. Además, ya encontraremos el momento de deshacernos de ellos por ratos.
Kwon sonrió divertido por el jugueteo de su chica y tomó con su mano libre la de ella, jalándola para alcanzar al grupo que ya por mucho, iba adelantado.
—¡Muévanse, Kwons! –amonestó Toto a la distancia.
Su vuelo estaba marcado para despegar rumbo a la ciudad de ‘Barcelona’, en una hora.
.
NA: ¡Hello! A que no se lo esperaban, pero aquí traigo algo que me vino a la cabeza con los periodos vacacionales, salidas ocasionales y demás. Espero lo hayan disfrutado. Esto será un serial de 3 partes ^^ -con amor, @SolBronte-
Ps. ‘pata de perro’ -expresión mexicana que alude al adjetivo calificativo: vago o andariego-.
¿And…?
‘Connections’
Parte 23
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—No creas que vamos a estar mucho tiempo en este lugar, no todo en el mundo gira alrededor de esas chicas –azuzó Jiyong mirando a Seungri cuando se dirigieron al taxi reservado-. Si nos descubren, ¿Quién creen que va a tomar la responsabilidad? Y todo por tu juego estúpido.
—Basta Jiyongie. Ya estamos aquí, no tiene caso seguir insistiendo en ello. Tú mismo aprobaste el hecho de quedarnos ¿No es así? –intervino Young Bae irrumpiendo el regaño del líder-. Si tanto odias esta situación, puedo quedarme con Seungri hasta que arregle sus cosas y ustedes pueden regresar a casa y esperar a que volvamos.
TOP no podía dejar de sentirse incomodo. Ver a ese par riñendo de esa manera, verlos pelear por algo que los cinco en realidad deseaban hacer desde hace tiempo. Claro, unos más en el fondo que otros.
—¿Cuánto tiempo ibas a esperar Jiyongie? –soltó Choi sin pensar, saltándole la curiosidad por el grado en que todo aquello parecía ya no afectarle.
El líder parpadeó perplejo por la repentina subversión colectiva.
El sonido del claxon los transportó de nuevo a la realidad, dejando el cuestionamiento en el aire. El chofer bajó y ayudó a acomodar las escasas dos maletas en la cajuela del taxi, en tanto que Seungri y Daesung se acomodaron en los asientos traseros. Seung Hyun tomó el asiento de copiloto.
—¿No vienes? –preguntó Taeyang a su mejor amigo, dejando un espacio libre en el asiento trasero del coche.
Kwon se limitó a rodar los ojos y se adentró con sus compañeros en el auto. Sabía que debía y –secreta e inconscientemente- quería hacerlo, pero no pretendía que la situación se saliera de control.
El vehículo se puso en marcha, surcando las calles de la ciudad capital.
Jiyong no podía disimular el desagrado que le producía todo aquello, y con lo mal que lo habían pasado en el viaje, lo único que deseaba en ese momento era poder darse un baño y dormir cómodo.
Seungri deseaba que el tiempo pasara más rápido para poder llamar a Ana de nuevo y no dejaba de ver su reloj cada vez que tenía oportunidad.
Esperando quitar un poco de lo tenso en el ambiente Daesung habló algo a azar.
—Bueno… la última vez que estuvimos aquí fue toda una aventura, podemos verlo de esa manera. Sólo que ahora corre de nuestra cuenta pasarla bien. ¿No?
Todos actuaron como si Daesung no hubiera dicho nada, el único que volteó a verlos fue el chofer del taxi por el hecho de que el muchacho había hablado en su idioma natal.
—¿Doblo en esta esquina? –preguntó el hombre tratando de buscar algún tipo de ayuda en los chicos, en la base de taxis sólo habían dado el nombre del lugar.
Se miraron entre ellos. La verdad era que no sabían ni dónde estaban y no entendían nada del idioma en el que el chofer les habló.
—Sorry, we don’t speak spanish –intentó Taeyang con cierto temor, ya presentía que el conductor no entendería ni gota.
El conductor miró a TOP con cierta incredulidad y respondió:
—Don’t worry guys, I understand a little…
Los chicos se encontraron asombrados, finalmente algo en su día estaba saliendo bien.
Jiyong torció los labios, todo de pronto le pareció ridículo. El sólo quería regresar a casa, terminar con los pendientes y descansar como siempre en la paz de su habitación. Sin embargo, quizá en el fondo, muy en el fondo sentía un resquicio de curiosidad por saber de ellas o más bien de ella.
Soltando un suspiro, indagó:
—¿Estamos llegando? En verdad me siento cansado.
Los otros cuatro giraron la mirada a G-Dragon. En realidad no sabían cuánto tiempo faltaba o en dónde carajos se hallaban.
—Eh… Hyung… No tenemos idea, pero creo que aún no estamos cerca.-informó Daesung.
—Disculpe… ¿Falta mucho para llegar? –inquirió cortésmente el líder.
El hombre avisó que se encontraban cerca, que era cuestión de algunos minutos más. Los bigbangeros se sintieron aliviados al escuchar esas palabras. Efectivamente algunos minutos después, el coche paró frente a un pequeño edificio.
El lugar no les resultó conocido, las calles igual perecían desiertas. Todos pensaron que era una mala broma, o en el peor de los casos, una situación peligrosa. No sabían qué hacer en ese momento.
—Listo muchachos, este es su hotel. –informo el chofer casi celebrándolo.
Los chicos alzaron las cejas sorprendidos.
—¿Está seguro que éste es el hotel que indicamos? –averiguó Jiyong al taxista, buscando por alguna explicación.
—Ob-vio que no es.
La voz de Seungri irrumpió en la investigación del líder, quien le envió una mirada represiva, indicándole un claro: “¿Te puedes callar?”.
—No nos parece familiar, ni siquiera el lugar. –expuso Seung Hyun virando a todos lados para tratar de recordar cómo era la vez pasada.
—Sí, este es el ‘Hotel de México’. –confirmó.
Sin estar aún muy seguros, salieron del auto. Una vez que sus pertenencias estuvieron fuera de la cajuela, juraron que no era el lugar en el que habían estado. No les gustaba en absoluto, parecía sucio y un poco descuidado.
Habían regresado al principio: Los cinco muchachos botados en algún lugar de esa enorme ciudad, con un par de maletas pesadas, sin dinero suficiente, y con la posibilidad latente de que alguien los descubriera en el camino.
—Tranquilícense. Preguntemos a la recepcionista de este lugar. –aportó Young Bae al avanzar hacia dentro del edificio, una vez que el conductor se hubo marchado.
Todos lo siguieron, pensando en lo sensato de su solución. Sin perder tiempo, solicitó información a la mujer ya mayor que estuvo a cargo de la recepción. Les explicó que la confusión se había ocasionado por el nombre equivocado que ellos dieron a su conductor, pues aquel era el ‘Hotel de México’ y lo que ellos parecían buscar –después de proporcionar mil y un detalles del lugar-, era el ‘Hotel de la Ciudad de México’, ubicado a unas cuantas calles hacia el poniente.
Los cinco prestaron atención a las indicaciones de la mujer. Una vez obtenida la ayuda, agradecieron sinceramente a la amable recepcionista, tomando sus maletas y saliendo de allí en la dirección señalada.
—¿Caminando? –dudó el chico ‘smile’-. ¿Y si alguien nos descubre? Recuerden que por aquí hay muchas fans.
TOP se detuvo a pensar en eso y volteó discretamente a una esquina. Atisbó a una par de chicas mirándolos fijamente y le vino un ataque de paranoia. Quizá y ni eran fans, pero su mente le jugaba la mala pasada, haciéndole creer que los habían descubierto al igual que la primera vez.
—No volteen y caminen rápido. Taeyang y Daesung vayan al frente, parece que ustedes conocen mejor cómo llegar al hotel. –ordenó Seung Hyun en su histeria.
Sin protestar, acataron el plan de Choi y aceleraron el paso. Caminaron un par de calles y doblaron otras cuantas esquinas entre un río de gente yendo y viniendo por todos lados. Ellos no hacían más que cubrirse y no darse a ver directamente.
De repente –y como por arte de magia-, se encontraron en el zócalo capitalino. Tal como lo recordaban. Al final, el chofer no los había dejado tan lejos.
—Oh, esto lo recuerdo perfectamente. Estamos cerca. –celebró Dae jalando una de las valijas.
Llevaron sus pasos por la ‘Plaza de la Constitución’ adentrándose en el crisol de gente que le era característico. Llegando a uno de sus vértices, avanzaron hasta quedar frente a la suntuosa entrada que ya conocían de antaño.
Suspirando hondo y con alivio, los bigbangeros entraron a su hotel. Sin demora, se dirigieron a la recepción para solicitar una suite, de ser posible la que antes utilizaran en su estancia de hacía varios meses.
Al darles la bienvenida, la recepcionista no pudo evitar asombrarse. Y no por reconocerlos de inmediato por su fama de idols, sino más bien como las celebridades que apenas medio año atrás causaran algunos problemas con la gerencia. Inevitablemente se cuestionó qué era lo que esos muchachos buscaban allí de nuevo.
—Permítame un momento. –dijo la chica de cabellos negros azabache, tomando la bocina del teléfono para marcar una extensión.
Jiyong asintió sin entusiasmo, bostezando discretamente mientras esperó. Dae y Seung Hyun se hallaron entretenidos en contemplar los cambios pequeños que notaron en la estructura del hotel, sin prestar demasiada atención a los trámites administrativos. Young Bae se mantuvo junto al líder en espera de su registro. Ambos se encontraron en silencio sin querer hablar. El cansancio del viaje estaba acentuando sus estragos.
Seungri se paseaba de un lado a otro mirando su reloj y la baja pila del celular.
—Lo siento mucho, pero me informan que no tenemos habitaciones disponibles. –comunicó la chica que apenas pasaba de los veinticinco años.
—¿Cómo es posible eso? –inquirió Young Bae al fruncir el ceño.
—Estamos llenos. Disculpen. –aclaró la recepcionista con aparente pesar.
Por alguna razón, entre los tantos inconvenientes que se les venían atravesando desde que prácticamente salieron de Seúl, aquella excusa no les sonó para nada convincente, en especial al líder.
—¿Puedo hablar con el gerente, por favor? –solicitó Jiyong.
La chica dióse cuenta que era inútil tratar de disuadirlos y llamó de vuelta a la gerencia, la cual le había dado la indicación de negar el hospedaje al grupo de jóvenes. Y es que desde el problema casi legal que el hotel por poco enfrenta con el manager de BIGBANG, la gerencia decidió tajantemente prohibir cualquier negocio relacionado con aquellas celebridades. Aunque bien sabían que en la vida volverían a poner pie en ese lugar.
Cosa errónea.
—Good afternoon.
La voz añeja del gerente llamó su atención, haciendo que se viraran a él con ojos interrogantes.
—Good afternoon. –devolvió Taeyang con cortesía, e inclinándose un poco como era su costumbre. Los demás lo imitaron.
—Pasen por aquí, por favor. –señaló el hombre pulcramente trajeado, guiándolos a una estancia privada.
Al cerrar la puerta del salón, el gerente les invitó a tomar asiento en lo sillones forrados de piel oscura, que bien contrastaban con la mobiliaria en tonos cedro. Demasiado cansados para objetar, los cinco chicos tomaron lugar en la sala. El gerente hizo otro tanto, quedando frente a ellos.
—Primero que nada, es una verdadera sorpresa recibir su visita nuevamente –comenzó con una sonrisa breve-. Como ustedes saben, nuestra despedida no fue precisamente en los mejores términos. ¿O me equivoco?
A pesar de que los muchachos no habían tratado nada absolutamente con la administración del hotel, sabían de primera mano que el manager casi inicia procedimientos en contra de ese hombre que de alguna forma había estado coludido en el asunto de las chicas “guías”. El sólo recordarlo, avivó el enfado en el joven líder de la agrupación, dejando ver en el almendra de sus ojos una chispa de ira contenida.
—Lo sabemos. –contestó Seung Hyun, al ver que nadie abría la boca.
—Bien –el responsable suspiró con mesura-. Ciertamente que en este momento aunque tenemos un porcentaje importante de huéspedes, no nos encontramos al tope. Y no es que no queramos prestarles nuestros servicios, es que no podemos. Ustedes deberían saber la razón mejor que yo mismo.
La explicación clara y sincera en ese tono elegantemente modulado, situó a los idols en el contexto, hallando los motivos para que antes les negaran el registro. Y lo entendían. Es decir, era obvio que aquello ocurriera después de un problema de tales magnitudes en que se vieron involucrados en el pasado.
Pero eso no lo habían contemplado cuando decidieron ir allí. Simplemente eligieron la opción conocida, la segura, sin meditar en detalles de ese tipo. El agotamiento de la jornada no se los dejó ver antes.
Jiyong –que a esas alturas ya le punzaba terriblemente la cabeza-, resolvió retomar su papel y, por primera vez en casi día y medio, mostrarse lo más indulgente que pudo.
—Estoy consciente de eso, y de verdad lo lamento. Ahora mismo nos encontramos en una situación complicada que nos vemos obligados a tratar aquí en México. Lo primero que se nos ocurrió al llegar al aeropuerto fue quedarnos aquí durante nuestra corta estancia –explicó Jiyong con una voz suave-. Tal vez por inercia porque ya lo conocíamos, y también porque cuando estuvimos aquí fue agradable para nosotros. No pensamos en esta posibilidad, el viaje ha sido sumamente cansado.
Ante las palabras de su líder, los otros cuatro guardaron silencio y lo escucharon con sorpresa. A comparación de horas antes, su discurso contenía toda la diplomacia que antes Young Bae usara con Ana Sshi por teléfono.
—Lo comprendo, y realmente lo siento, pero no puedo aceptar su registro. Esta vez podría pasar a mayores y no deseo que eso suceda. No es nada personal, muchachos.
E indudablemente que no lo era. Por algún extraño motivo, el hombre sentía cierta debilidad por aquellos jóvenes, quizá influenciada por la admiración que su sobrina les tuviese, y la ilusión que vio en sus claras pupilas cuando agradeció su ayuda para encontrarse con ellos desde la primera vez. Otro tanto era el aspecto fatigoso que a simple vista les adornaba, y que le hacía albergar una chispa de condescendencia. Cosa que Kwon no paso desapercibido.
—¿No podría hacer una excepción, sólo por esta vez? Realmente no tenemos alguien de confianza a quién acudir. Este es un asunto de gran discreción, algo personal que nos incumbe a nosotros cinco, no a nuestra agencia –disuadió Jiyong-. Deseamos hacer un registro común individual, no como celebridades. Prometo que no les causaremos molestias, y si algo sucede, me haré responsable de ello. Puede confiar en que no le acarrearemos inconvenientes. Por favor… ¿Puede ayudarnos?
Esta vez, la súplica de Kwon sonó de lo más sincera. Cada palabra salida de sus labios era verdad. Y jugar sus últimas cartas fue su único recurso que tuvo para dejar de deambular por una ciudad ajena de su tierra natal. Ya estaba cansado y su dolor de cabeza se convertía ya en migraña.
El gerente se vio desarmado con esos sencillos argumentos. Cerró los ojos y respiró profundo. Se mojó los labios y habló.
—Está bien, aceptaré su registro. Pero deben prometer que cualquier problema legal que pudiese suscitarse por este asunto será invalidado por ustedes, toda vez que se comprometen a tomar la responsabilidad. ¿Estamos? –advirtió el hombre de mediana edad, enviándoles una mirada afanosa desde el cristal de sus anteojos.
—Lo prometemos. –corearon triunfantes y felices al unísono cual escuadrón de boy scouts.
Al notar eso, el gerente no pudo evitar sonreírse.
—¡Hyung! –vitoreó el maknae con emoción desbordada, corriendo para abrazar al sorprendido hombre que torpemente respondió al inusitado pero cálido gesto. No se lo esperó.
—¡Seungri! –exclamaron todos al ser testigos de la acción, temiendo que la condescendencia de antes se fuera por el drenaje. Algo que no pasó. Lo supieron cuando para su asombro, oyeron la breve y grave risa del trajeado encargado permear en el salón.
—No se preocupen, está bien. Vayamos a la recepción para que los registren y les asignen sus habitaciones.
Los muchachos sonrieron y asintieron agradecidos. Siguieron al gerente en el camino al lobby, incluso por un momento, el cansancio se desvaneció por aquella dosis de amabilidad y gentileza recibida por fin.
—Mónica, haga un registro a nombre de estos jóvenes y asígneles las habitaciones que sean de su agrado. También que lleven su equipaje. –habló el hombre a la chica a cargo de la recepción, y que con una imperceptible sonrisa recibía las instrucciones de su jefe. También ella había sentido cierta pena por el grupo de chicos.
—Sí, señor.
—Les dejo en buenas manos –indicó el gerente-. Sean bienvenidos, y que disfruten de su estancia.
—Muchas gracias de verdad. –contestó Jiyong de inmediato, reflejando el agradecimiento en su mirada. El hombre simplemente asintió y dio vuelta para irse.
—¡Gracias, hyung! –gritó el maknae, captando la atención de varias personas en el lobby, y arrancando nuevamente una sonrisa al encargado que despareció entre los pilares de la estructura arquitectónica del hotel.
Una vez hecha la reserva, los bigbangeros se dirigieron a su habitación. Afortunadamente, habían conseguido quedarse en la misma suite que ocuparan la vez anterior para su mayor comodidad y por el hecho de que así podían estar los cinco en una sola estancia pero con habitaciones separadas.
—¡Estoy muerto! –fue lo primero que salió de la boca de Jiyong al dejarse caer en el amplio y mullido sillón color malva. Al cerrar los ojos sintió placenteramente lubricarse sus pupilas, atenuando su agotamiento.
—Yo también… -arrastró las palabras Seung Hyun, tirándose en otro de los sofás.
—Me voy a dormir. –anunció Daesung pasando de todos en la sala y yendo directo a la habitación que la vez pasada ocupara, sin importarle siquiera dejar la puerta abierta.
Young Bae fue el único que proveyó de agua a su organismo antes de ir a buscar descanso en la comodidad de su cuarto. Cayó rendido en cuanto su cabeza hizo contacto con la almohada.
—Seungri… ¿Puedes de una maldita vez dejar de dar vueltas como desesperado? Por hacerlo no pasará el tiempo más rápido –apuntó Jiyong con su voz amodorrada, señal de que ya estaba medio dormido pero aún alerta para notar la impaciencia del maknae-. Ve a dormir un rato. Le marcaremos a la cínica cuando despertemos.
Inclusive estando casi en estado inconsciente, la muina para con esa no se le iba.
—Pero… no puedo dormir, hyung. –alegó el menor.
—Seungri, hazle caso a Jiyongie. Si la chica te ve así, ¿No crees que le causarás una gran impresión? Tus ojeras son peores que en nuestros días de debut. –señaló TOP dando las últimas de consciencia, pero dando en lo más certero en el ánimo de Seungri.
Vanidad.
Lee tembló ante la idea de verse impresentable para la ocasión y, a regañadientes, fue a su habitación a conciliar un poco el sueño. Quizá durmiendo, las horas pasaran en un abrir y cerrar de ojos, acercándolo más a su objetivo.
GD & TOP no movieron un solo músculo de la sala y quedaron profundamente dormidos en los sillones. No fue hasta que la “dulce” voz de Seungri los arrebató de los brazos de Morfeo, que entornaron los ojos para darse cuenta que ya estaba oscureciendo tras las ventanas de la suite.
Habían dormido varias horas.
—¿Ya marcaron? –formuló como pregunta primera el mayor, intuyendo que esa era la odiosa razón para despertarle bruscamente de su grácil sueño.
—¡Sí, hyung! –vitoreó el maknae con un sonrisa de oreja a oreja.
—¿Y…? –indagó Kwon para que terminara de dar la información completa de una vez y poder regresar a su plácida siesta.
—Mañana por la tarde –dijo Seungri-. Mañana por la tarde podré verla.
Jiyong alzó una ceja por la ilusión que el menor parecía destilar de esa frase y suspiró con paciencia.
—Ok.
—Hyung, tengo hambre. –quejóse Daesung haciendo un paréntesis entre la emoción del maknae y la crisis de tolerancia del líder.
—Llama por el servicio de habitación. –solucionó Kwon batallando con la pesadez de sus párpados.
—¿Qué hacemos con las maletas? –inquirió Tae desde el marco de la puerta.
—… ¿Desempacarlas? -resolvió Jiyong no entendiendo la coherencia de tal pregunta.
Lo que no supo en ese momento fue que Young Bae se refería a que la ropa se hallaba revuelta. Pero, su mejor amigo no insistió y lo hizo, dejando al líder volver a dormitar.
Seung Hyun ni siquiera se movió. Continuó profundamente dormido como si nada en el mundo pudiese perturbarle.
Absolutamente nada.
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NA’s: Kyaaa! Aww, adoro al gerente <3 Es amor. Ya hay cita de encuentro. ¿Qué pasara? Veámoslo en el próximo ^^
¿And…?
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